Enviar

Microsoft: la resurrección… o al museo

El CEO Steve Ballmer dejará su puesto; para sobrevivir, la empresa deberá replantear su estrategia

201308272246550.cod.jpg
Arte David Barboza/La República
Cuando Steve Ballmer se hizo cargo de la conducción de Microsoft, las computadoras personales eran las reinas del mercado, Google apenas un buscador que prometía, y los teléfonos celulares unos equipos interesantes… que aún debían mostrar su potencial. Aun así, la misión del nuevo ejecutivo no era sencilla: debía mantener a Microsoft como líder de un mercado que, se sabía, iba a transformarse radicalmente.
Y eso fue lo que pasó. Hoy la venta de PC (el eje sobre el que gira el negocio de Microsoft) sigue una curva descendente sin aparente final. Ahora, el mercado tecnológico está centrado en los equipos móviles. Y allí Apple y Google son claros dominadores. 
Frente al cambio de paradigmas, la Microsoft de Ballmer se anotó solo un puñado de aciertos y una gran cantidad de errores. Lo que más se le cuestiona es no haber advertido a tiempo las transformaciones que se desatarían a partir de la masificación de la banda ancha y la explosión de las tabletas y los smartphones. La serie de fracasos concluyó la semana pasada con el anuncio de Ballmer de que dejará su puesto.
Entre los pocos aciertos de la década Ballmer se pueden mencionar la entrada de Microsoft al negocio de los videojuegos, a través de la muy exitosa consola Xbox. También, la adquisición por US$8.500 millones del servicio de comunicación Skype.
Pero los fracasos fueron más importantes. Uno de los más grandes y costosos fue la versión Vista de Windows, que nunca terminó de funcionar. Microsoft levantó con Windows 7, un buen sistema operativo. Pero la volvió a embarrar con el 8, que vino para articular la estrategia tardía de focalizarse en los dispositivos móviles. Con el 8, Microsoft inventó un sistema que corre en todo tipo de equipos con el objetivo de capturar a los usuarios de los dispositivos móviles sin perder a los tradicionales de la PC.
Pero tampoco funcionó: los usuarios de PC lo ven complicado y los de dispositivos móviles lo perciben menos avanzado que rivales como iOS y Android. Para colmo, la estrategia se complementaba con la introducción de Microsoft en el negocio del hardware a través del lanzamiento de su propia tableta: la Surface. Otro ruidoso fracaso.
En móviles, Ballmer tampoco la pegó. En 2007 dijo que el iPhone no tenía “ninguna posibilidad de tener una participación de mercado significativa”; luego se unió a Nokia, que venía en caída libre. Hoy, Windows Phone ocupa una porción mínima de ese mercado.

Por Ricardo Braginski
[email protected]

Desde Buenos Aires, Argentina
 

Ver comentarios