Menos ingresos a la universidad socavan productividad de EE.UU.
Varias personas buscan un puesto de trabajo en la Feria de Empleo en Illinois, Estados Unidos. Bloomberg/La República
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Durante décadas, una creciente población de graduados universitarios llegó al mercado laboral estadounidense, aumentando la productividad y dando forma al estatus de Estados Unidos de principal potencia económica del mundo.
Ese motor del crecimiento está perdiendo fuerza. La inscripción en las universidades se ha reducido todos los años desde que alcanzó un pico en 2011, según la Oficina del Censo y el National Student Clearinghouse Research Center. Entre las razones se cuentan el envejecimiento de la población, el aumento de las matrículas y una sólida tasa de contratación que reduce la demanda de conocimientos.


Lamentan el fin del llamado milagro de productividad los funcionarios de la Reserva Federal y los economistas en general, para quienes aquel tenía la virtud de permitir un crecimiento más veloz sin una inflación perjudicial. Ahora, autoridades del banco central que en general no pueden hacer nada para remediar la caída de las inscripciones dicen que se debe hacer algo para contrarrestarla e impedir que sobrevenga una nueva era de crecimiento más débil.
“Como sociedad, deberíamos estudiar la manera de aumentar el crecimiento de la productividad”, declaró Janet Yellen, presidenta de la Fed el mes pasado en un simposio de economía que tuvo lugar en Jackson Hole, Wyoming, agregando que vale la pena pensar en “mejorar nuestro sistema educativo e invertir más en la capacitación de los trabajadores”.
Entre las consecuencias más notorias de un menor ingreso de alumnos a la universidad están los salarios más bajos. La educación superior permite acceder a trabajos mejor pagados, los graduados en promedio ganan alrededor de un 90% más que los no graduados, pero solo aproximadamente un tercio de los estadounidenses tiene título universitario. La calidad de la fuerza de trabajo que, junto con la tecnología, ayudó a los empleadores estadounidenses a aumentar la productividad en las décadas de 1980 y 1990, ahora parece estar contribuyendo a aumentos muy débiles de la eficiencia que podrían continuar.
“El crecimiento lento en materia de logros educativos es uno de los vientos en contra”, señaló Lawrence Katz, economista de la Universidad de Harvard que fue jefe del Departamento de Trabajo durante el gobierno de Bill Clinton. “La cantidad y la calidad de la educación son temas importantes por su efecto directo en la productividad, los trabajadores con mayor nivel de educación son más productivos y por sus efectos indirectos en el ritmo de la innovación y la adopción de nuevas tecnologías”.
Katz calcula que el impacto directo de las personas con menor nivel de educación que se suman a la fuerza de trabajo puede reducir la productividad en un 0,25% por año y crear efectos indirectos tipo bola de nieve que retrasen la innovación.
La productividad medida por producción del empleado por hora ha caído durante tres trimestres consecutivos, informó el Departamento de Trabajo el mes pasado. El crecimiento de la productividad promedia un 0,4% desde 2011, después de promediar el 1,9% en los años 80 y 90.


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