Nuria Marín

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Lunes 28 Marzo, 2011


Creciendo [email protected]
Más caro, menos plata

La crisis en el Norte de Africa y el Oriente Medio ha disparado los precios del petróleo, aumentando en pocas semanas en un 30%, según lo revela el Indice Brent.
Este es un duro golpe que más temprano que tarde llegará a nuestros bolsillos. El aumento en el petróleo dispara una corrida de incrementos que no podemos evitar, lo que significa disponer de menos dinero para otras cosas. El menor consumo, a su vez, significará menor actividad económica y con ello también sufrimos todos.
Hay tres elementos que inciden en el precio del petróleo, según lo revela muy acertadamente un reciente artículo en la revista The Economist: la oferta, la demanda y el… temor. Y actualmente los tres están incidiendo en diferentes niveles, lo que ha significado que el barril haya pasado de $80 a casi $115.
Hay un problema de oferta. Libia es el decimotercer exportador del crudo y sus exportaciones producto de la crisis han prácticamente cesado (2% del mercado). Por otra parte, los disturbios en Yemen amenazan las líneas marítimas responsables por el paso del petróleo del Mar Rojo a Occidente (3 millones de barriles diarios).
Las alternativas para abastecer esos faltantes no son baratas, pues el petróleo “liviano” libio (85% va a Europa) es de difícil sustitución porque las refinerías europeas no tienen la capacidad de procesar petróleos más pesados como el saudí, que es el país con capacidad extra para suplir el faltante.
Si los disturbios del Norte de Africa afectan los mercados, una suspensión o distorsión en las fuentes de abastecimiento de Oriente Medio tendrían un impacto muchísimo mayor, pues esa zona del mundo provee ni más ni menos que el 30% del crudo. De ahí la preocupación ante los disturbios e inestabilidad en Bahréin, Omán, Iraq y desde luego que puedan alcanzar al máximo proveedor, Arabia Saudita.
La demanda también tiene su cuota en el tema. Los primeros pasos de recuperación económica, que en el caso de Estados Unidos, máximo consumidor del crudo y otros mercados emergentes, han sido mayores a lo proyectado y ha significado más consumo de combustibles, lo que presiona los precios a la alta. La ventaja en este caso es que al menos los aumentos son provocados para generar producción, riqueza y mayor capacidad de consumo.
Los precios de petróleo son tan sensibles que entran a jugar, por ejemplo, el temporal golpe que ha sufrido Japón o la nube que se cierne sobre Portugal y sus efectos en el resto de la Unión Europea. Y es ahí donde entra a jugar el tercer factor, el temor.
Temor a mayores aumentos para economías tan dependientes del crudo, temor de los países a quedarse sin abastecimiento, temor a que Arabia Saudita exceda su capacidad máxima, temor a una desaceleración mundial…
Lo que está sucediendo y el ingrato recuerdo de 2008 cuando el barril superó los $140 nos recuerdan la urgente necesidad de una política de energía a largo plazo, tema en el que, como sabemos, seguimos en pañales, pues, para muestra está nuestro obsoleto sistema de transporte público.

Nuria Marín