Francisco Villalobos

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Martes 14 Diciembre, 2010


Man in the mirror


El abstencionismo que sufrió el proceso de elección de alcaldes muestra la realidad que claramente se asoma sobre nuestro sistema político centrado en el Valle Central, ladino e hijo del bipartidismo. No se puede esperar que de pronto los ciudadanos se interesen tanto en el proceso local como se interesan en el nacional. Es normal pero igualmente previsible el desarrollo de una tendencia hacia considerar de mayor importancia para el ciudadano una relación más cercana con las autoridades.
Con tino, Michael Jackson escribía que si uno quiere cambiar el mundo tiene que cambiar al hombre del espejo. Si uno quiere cambiar su país, empezar por su pueblo es, aunque no el único camino, definitivamente un buen comienzo.
Poco a poco, los costarricenses tenemos que involucrarnos más y más con los asuntos públicos de nuestras comunidades, votar en referendos sobre el próximo parque, sobre si se cortan o no los cipreses centenarios, sobre si le ponemos a una calle el nombre de alguna maestra del pueblo.
Igual, ese involucramiento con el lugar que vivimos y donde vivimos, tendrá el efecto de arraigarnos y al tributar para financiar los presupuestos locales que redundarían en obras públicas, que veremos con más facilidad y celeridad que la autopista a Caldera, tendremos más autoridad y cercanía para reclamar la mala gestión o la gestión corrupta.
En otro orden de ideas, sabemos que se avecina una reforma fiscal y esperamos desde ya que esta traiga consigo no solo ingresos más frescos sino un poco más de equidad y alivio al sector productivo. Las leyes fiscales deben ser complejas en sus efectos más simples en su diseño pero sobre todo, no deben atentar contra la certeza, que un millón de dólares de inversión es una criatura insegura y asustadiza y requiere a toda costa que no le cambien las reglas de juego abruptamente.
Fritz Neumark nos enseña en sus Principios de la imposición que “ las leyes tributarias se estructuren de manera que presenten técnica y jurídicamente el máximo posible de inteligibilidad y sus disposiciones sean tan claras y precisas que excluyan toda duda sobre los derechos y deberes de los contribuyentes” y al Informe Carter pertenece esta dura expresión con la que cierro estas líneas: “ La imprecisión de una ley actúa también contra las personas que quisieran cumplirla escrupulosamente y, eventualmente puede inducirles desprecio de las leyes.”

Francisco Villalobos