Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 25 Febrero, 2010


De cal y de arena
Los meandros de la negociación

Resultó víctima del quiebre de voto; el electorado le negó el voto de confianza que sí le otorgó a su candidata presidencial; perdió curules en el Parlamento; y su vitalidad ya luce menguada. Aun así, el Partido Liberación Nacional sigue siendo el principal conglomerado político mas ya no el principal depositario del poder político. Lo es la Presidencia de la República. El régimen presidencialista que deriva de la Constitución se ha profundizado y robustecido con la concentración de poder que se ha tejido en estos años y de la que con tanto gusto hace alarde el presidente Arias.
Los partidos políticos se acomodan a esta realidad, se repliegan (incluido el PLN) a segundos planos y dejan —así se ha desarrollado la relación de fuerzas— que sea la Casa Presidencial la que retenga las opciones de la negociación, y no precisamente con los partidos sino con sus líderes. Los pasos que está dando la presidenta electa confirman esta realidad y hacen patente de nuevo que, salvados los casos de quienes solo calentaron la silla, el jefe de gobierno retiene el manejo de la cosa pública y dimensiona las relaciones con los demás protagonistas de la política. Arias “cultivó” a los diputados que necesitaba para montar su mayoría mecánica e ignoró a los del PAC. Avatares de nuestro presidencialismo que continuarán mientras Zapote no quiera compartir el poder ni se adopte el parlamentarismo. La presidenta electa ha iniciado una ronda de conversaciones conteste con esta realidad: no está hablando ni con partidos ni en representación de su partido (le está vedada). Sus prudentes y pertinentes pasos toman nota de lo que va a ser un Parlamento atomizado en un contexto en que los partidos políticos evidencian desgaste electoral, sufren conflictos de identidad y padecen el mal del caudillismo (los Arias, Calderón, Solís, Guevara, Merino y López, ¿quién les disputa el poder?).

El fantasma del PLUSC acecha en el entorno de doña Laura, seguramente con otras vestiduras y distintos flecos. Quienes lucraron con esa perniciosa mancuerna partidista acechan a la sombra de la atomización de la Asamblea Legislativa para tratar de convencerla de que lo más inteligente es llevar a la canoa de las abundancias a quienes están llegando al Parlamento sin proyecto político ni posición de principios, algunos precedidos por legisladores practicantes de la subasta del voto y el acceso privilegiado a partidas específicas, lo que le hizo posible al presidente Arias montar la mayoría mecánica. Necesitan un nuevo PLUSC, ciertamente con otra fisonomía, otros protagonistas y buen maquillaje, para asegurar la consolidación del modelo económico derivado del Consenso de Washington y a tono con los PAE, a fin de reducir a inane condición el Estado Social de Derecho. Para algo, que no es precisamente la práctica de la misericordia, quienes han usufructuado el modelo económico durante 30 años controlan los puntos neurálgicos del poder.