Nuria Marín

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Lunes 25 Mayo, 2009


Creciendo [email protected]
Los 50 años de mamá

En días pasados mamá recibió en el Colegio de Abogados medalla de oro por haber cumplido 50 años de ejercicio profesional. Me invitó restándole importancia a la ocasión, sin querer celebrar pues “la cosa no era para tanto”. No podía estar yo más en desacuerdo.
Mamá representa a una generación de mujeres pioneras que contra todo convencionalismo decidió estudiar en la universidad. Tiene además el mérito de ser la primera en graduarse de dos carreras: derecho y filosofía y letras (historia).
Para ubicarnos en el sentir de la época, recuerdo una anécdota que nos contó de cómo próxima a graduarse un profesor de la Facultad se alegraba de haber escuchado que tenía novio pues no entendía como una mujer tan agradable “la estaba dejando el tren”.
En una Costa Rica pequeña, las celebraciones de la Semana Universitaria tenían resonancia nacional. Nunca deja de sorprenderme cómo se recuerda que como reina de Derecho se le quemó la carroza y tuvo que desfilar en la máquina de bomberos que apagó el incendio. ¡De la tragedia a la posteridad!
Lo que no supe sino hasta recientemente, gracias a una valiosísima investigación de la doctora Teresa Cordero sobre la profesionalización de las mujeres, es que el reinado universitario era el evento político universitario por excelencia, ¡y yo que creí haber crecido en una familia apolítica!
Su verdadera pasión es la docencia. En la Escuela de Estudios Generales impartió a tiempo completo y por muchísimos años el curso de Historia de la Cultura, difícil labor con una familia de cuatro hijos. Aún recuerdo el repiqueteo de la máquina de escribir a altas horas de la noche del que emanaron las publicaciones necesarias para convertirse en catedrática.
De esta etapa de su vida se le recuerda con respeto y admiración. En esas vueltas que da la vida, analistas como Alvaro Ramos y Mario Fernández Silva con quienes he compartido en medios de comunicación reconocen la huella de su profesora, mi madre, en su amor por la historia.
Quizás la marca más fuerte la plasmó en su nieta Andrea, hoy colega historiadora, a quien desde niña le sustituía los tradicionales cuentos con vívidas narraciones sobre mitología, culturas antiguas, y el acontecer mundial.
Luego de la muerte de su hermano renunció con gran sacrificio a la docencia e incursionó en los negocios acompañando a su desolado padre. Al morir el abuelo, asumió el liderazgo en la conducción de los negocios de la familia.
A sus 73 años mamá continúa al pie del cañón. En los últimos 35 años ha manejado con gran tino las empresas y recientemente ha promovido una paulatina e inteligente transición de la segunda a la tercera generación.
Como bien destacó el día del evento doña Marina Volio, ex ministra de Cultura, vicepresidenta del Colegio de Abogados y amiga personal y en la academia que siguió sus pasos, Nury Raventós es un verdadero modelo de mujer exitosa que trasciende las generaciones.
Como ves, mamá, yo tenía razón. Es un orgullo el camino recorrido, y por ello teníamos que celebrar.