Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 20 Junio, 2012


Hablando Claro
Lecciones de huelga


Días antes de esta última huelga en Limón, el presidente de JAPDEVA había sentenciado que la institución quedaba “en coma” ante la imposibilidad de ejecutar el postergado ajuste tarifario debido a un recurso interpuesto ante la Sala IV.
No lo dijo don Allan Flores pero —lo sabemos todos— no hay empresa que pueda operar exitosamente si la casi totalidad de sus ingresos se va pagando los salarios y beneficios de una convención colectiva lacerante. Así, una entidad pública que se maneja como un coto sindical venido a menos (es cuestión de ir a visitar las instalaciones para constatar su dramático proceso de deterioro) requiere intervención mayúscula desde hace años. Pero ha sido imposible. Por un lado porque el dinero que recibe por las subvaluadas tarifas (la última establecida hace diez años) se va en salarios y prebendas. Y por otro, porque precisamente quienes acceden al servicio han tenido mucho músculo para que no se les aumenten esas cargas.
Por ello no era de extrañar que cuando ya no pudieron impedir el incremento por la vía administrativa, acudieran a la vía jurisdiccional todos (exportadores, bananeros, armadores y navieros) para recurrirlas.
En respuesta SINTRAJAP creyó tener una ventana de oportunidad para lanzarse a la huelga reivindicando algo harto conocido: que la concesión del nuevo puerto de contenedores a la holandesa APM Terminals (por $1.000 millones) será en exclusividad y para ello exhibe un contrato refrendado por la Contraloría.
Pero se equivocaron. En 48 horas el gobierno ejecutó una acción policial impecable y con un solo experto panameño piloto de remolcadores y dos colombianos que llegaron luego, así como 1.286 estibadores costarricenses, pusieron los puertos a trabajar. En cinco días sacaron 18 barcos. Los sindicalistas debieron acudir entonces a Zapote en debilitada condición.
Finalmente empezaron accediendo a no dispararse a los pies. No boicotearán las nuevas tarifas que necesita JAPDEVA para enfrentar además de sus costosos beneficios, los $30 millones de inversión que, junto con los 40 que pondrá el gobierno, permitirán acelerar el plan de modernización de los muelles. Aceptaron la también objetada reestructuración organizacional.
De esta huelga deberían tomar nota todos. Los usuarios de los servicios de los puertos (como exportadores o como transportadores) y los sindicalistas. Unos y otros han estado unidos por la misma torpe miopía en contra del proyecto de construcción de una moderna terminal de contenedores. Como si no hubiera horizonte de desarrollo. Como si no tuviéramos en Costa Rica y en Centroamérica un futuro promisorio al que aspirar. Como si sus beneficios inmediatos fueran el fin de los desvelos del país. Ojalá esta huelga haya servido para que todos los actores pongan las barbas en remojo. Y de paso, si no fuera mucho pedir, ojalá que políticos de turno no sigan intentando lucrar con absurdas posturas la supuesta posibilidad de disolver un contrato jurídicamente consolidado. Por lo menos hasta que los tribunales de justicia dispongan en contrario.
¡A trabajar!

Vilma Ibarra