“Le pegué en la cara al que no apreció mi arte”
Pinto todos los días, mis cuadros son mis hijos, por eso tengo miles de hijos, indicó Rafa Fernández. Gerson Vargas/La República
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Rafa Fernández

“Le pegué en la cara al que no apreció mi arte”

Sus manos pintaron la carrera de uno de los mejores artistas de América Latina

“Los molinos de Dios muelen lentamente, pero muelen”

Con manchas de pintura en los dedos, Rafael Ángel Fernández —Rafa— cuenta la historia de lucha contra la pobreza y la incredulidad de muchos que jamás dieron mérito a su sueño de ser pintor.
Al conocerlo sus primeras palabras fueron: “Crecí en la honorable pobreza, pero quería ser artista”. Este costarricense oriundo de San Pedro de Montes de Oca tuvo que demostrarle a su padre que sería reconocido a nivel mundial por sus pinturas, quien después se convirtió en su seguidor número uno.
Recuerda que el primer cuadro que hizo fue una acuarela de un par de zapatos verdes, pero jamás imaginó que algún día sería el pionero que abriría el camino para que otros pintores vivieran de su arte en Costa Rica.
Tras sobrevivir a dos accidentes cerebrovasculares en 2002, este artista de corazón nunca ha dejado ni dejará de retratar esos sueños que algún día le dijeron que serían imposibles.

¿Cuál fue la reacción de su familia cuando dijo que quería ser pintor?
Mi papá me decía que cómo me iba a dedicar a eso, pero yo estaba decidido cuando vi un cuadro de Max Jiménez en un museo, eso me motivó. No es que le guste a uno, es que se siente en el alma.

¿Cómo fue el inicio?
Vengo de la pobreza y por lo tanto la lucha es más dura, soy un artista autodidacta, aprendí solo, después con los años me encontré un lugar llamado la Casa del Artista a la par del Teatro Nacional donde me dejaban pintar. Todo empezó en la casa, después en el barrio vieron que había un pintor.

¿Contra qué se enfrentó en el país cuando empezó a tener éxito?
Contra las culebras, porque cuando uno empieza a tener éxito también aparecen muchos enemigos, pero fui muy peleón para defender mi posición, así me recuerdan.

¿Alguna vez le negaron exponer su arte?
Al principio sí, muchas veces me dijeron que no, pero les pesó por que ellos me llamaron años después y yo no quise.

¿Algún día imaginó que iba a ser reconocido?
No, nunca; yo nada más disfrutaba y pintaba, no me interesaba, pero la gente a la par mía me decía que yo tenía talento, porque alguien sin talento en esto está jodido

¿Qué hizo cuando no valoraron su arte?
En la primera bienal centroamericana en 1973, la noche de la inauguración leyeron el acta y dijeron que el premio por Costa Rica se declaraba desierto, o sea que nadie lo merecía, entonces atravesé la sala y le pegué al mexicano José Luis Cuevas, uno de los jueces y me sacaron del lugar. Hace como ocho años Cuevas vino al país y con el tiempo me dio la razón.

¿En qué se inspira?
En las mujeres y en las aves porque representan las esperanzas, las ilusiones. La pintura que más me gusta se llama “El sueño” esta en la sala de mi casa, porque es un gran cuadro que pinté en Madrid, marcó una etapa en mi vida.

¿Qué piensa del reconocimiento que tiene como artista?
Me da vergüenza, cuando hay mucha gente y me alaban por mi trabajo, me da mucha pena.

¿Cómo quiere que el país lo recuerde?
Como un gran artista, no como un pintor sino como un artista, porque hay muchos pintores pero hay muy pocos artistas.

¿Qué necesitó para cumplir sus sueños?
Primero ser humilde y tener talento para saber donde están situados, los sueños se van cumpliendo poco a poco.

¿Le hubiera gustado dedicarse a otra carrera?
Antes que pintor hubiera sido torero en México, es mi pasión; pero cuando iba para ese país mi esposa hondureña me “atrapó” en Nicaragua y me casé, ahí quedó lo de ser torero.

¿Dónde hay arte de Rafa Fernández?
Uno de los que más orgullo me producen está en Italia en la Galería Uffizi; a la par de Miguel Ángel y de Da Vinci hay un autorretrato mío que hice a los 17 años.

¿Cuándo pudo vender sus cuadros?
En los primeros 14 años de mi carrera nadie los compró, mi primer cuadro fue vendido por $100, se llama “La Azotea” y en 1989 el cuadro “La Partida” se vendió en $10 mil, el primer cuadro de un tico vendido en esa cifra.

Angie Calvo
[email protected]

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