Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 12 Junio, 2008

De cal y de arena

Alvaro Madrigal
Las prebendas en JAPDEVA

De los privilegios, prebendas y sinecuras sin par insertas en la convención colectiva de trabajo vigente en JAPDEVA, no hay que culpar ni a los obreros de la institución ni a sus dirigentes sindicales. Al fin y al cabo, este marco jurídico de las relaciones obrero-patronales es el fruto de una negociación en la que alguien propuso y alguien aceptó. Si los dirigentes sindicales propusieron ventajas sin proporcionalidad ni racionalidad, a quienes hay que llamar a cuentas no es a ellos sino a los que aceptaron los privilegios y comprometieron las competencias institucionales. Es decir, a todo ese cardumen de personajes que en determinado momento y sin constatación previa de su idoneidad, recibieron el encargo de dirigir la institución para dar cabal cumplido a la especialidad orgánica para la que se creó. Nadie habla de ellos. Para su gracia desaparecieron de la lista de responsables, hoy sospechosamente constituida solo por quienes cumplieron con su deber de proposición a la hora de negociar la convención de trabajo. ¿Y los que generosa y complacientemente cedieron, y que quizá ahí siguen vegetando?
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De la parálisis que padece JAPDEVA hay un efecto claramente dañoso para la economía. La prensa la denuncia y le achaca la culpa de ella al sindicato que usufructúa las concesiones que le dio la patronal. Pero la denuncia muestra los signos propios de la campaña montada para desprestigiar a todo el movimiento sindical y omite que la parálisis de JAPDEVA es también resultante de la negligencia de sus administradores y que más allá de la deformación del concepto y razón de ser de las horas extra, son necesarias 240 plazas nuevas para que la empresa preste servicios las 24 horas. La negligencia se constata igualmente en el avanzado deterioro de ciertos equipos mecánicos y en un atraso acumulado de 13 años en el dragado del puerto. ¿Cuáles fueron los presidentes, directores y gerentes de la institución que tan mal gestionaron? ¿Por qué no se habla de ellos ni se les llama a cuentas y toda la ira se descarga en el sindicato, que sus culpas —otras— tendrá? Dice doña Karla —la Ministra de Obras Públicas que también fue Viceministra durante el “abelato”— que la mala atención en los puertos va a resolverse cuando la Contraloría autorice a contratar temporalmente personal privado extra. ¿Idiay, para llegar a este descubrimiento se requirieron 24 meses en el gobierno cuyo programa de trabajo fue preparado por mil hábiles orfebres?
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Este es el entramado levantado para justificar la transferencia a la empresa privada de todos los servicios portuarios. Golpe bajo, sin duda, típico de la estrategia diseñada para facilitar el desguace del Estado. Y no es que yo repudie la privatización de esos servicios (pienso también en el reclamo de los profesionales que laboran para JAPDEVA y que reclaman que se les deje concursar en ese proceso). Simplemente pienso que el fin no justifica los medios.