Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 2 Agosto, 2017

Pizarrón

Las generaciones políticas

Nuestra Historia refiere a veces, no con constancia, ni abundancia, a generaciones, relacionadas con grupos de personas que destacaron en el acontecer político o institucional, o que por su actuación específica marcaron un hito histórico.

De otros momentos históricos, no tenemos la referencia de los actores que los provocaron como grupo actuante, como generación activa, pero fueron sucesos que sin ninguna duda marcaron el acontecer histórico nacional y su desenvolvimiento siguiente.

¿La época de la Independencia tuvo o no una generación que la impulsara, que la gestara? ¿Quiénes eran y cuántos eran? ¿Dónde estaban localizados? ¿Qué hicieron organizadamente en pro de la gesta independentista?

Cuando hablamos de los sucesos de la Independencia vagamente tratamos a sus protagonistas, aun los historiadores y los profesores cometemos esas ausencias de referencia, y de analizarlos como grupo, como generación si fuera del caso, y de destacarlos en lo personal.
En este sentido me he enterado, que el pasado 7 de julio se promovió el benemeritazgo de quienes firmaron el Acta de la Anexión de Nicoya, sin que haya tenido gran resonancia. No discutiré este asunto por ahora. Pero, si importante fue la Anexión del Partido de Nicoya, acaso no fue más importante la Declaración de Independencia de Costa Rica, del 29 de octubre de 1821. Y de este mismo modo, ¿por qué no declarar de la misma manera Beneméritos de la Patria a todos los firmantes del Acta de Cartago?
¿Fue el grupo que apoyó a Briceño en la Anexión de Nicoya una generación, como se entiende hoy?

El grupo que mantuvo a Juan Mora Fernández en el poder, como primer Jefe de Estado, desde 1824 hasta 1833 una generación agrupada alrededor suyo? Nuestros textos no lo analizan así.

Si tan solo pensáramos en lo siguiente. El 15 de setiembre de 1821 se proclama la Independencia de Centroamérica, en Guatemala, que se comunica al resto de las provincias, pronunciándose en ese mismo sentido El Salvador el 21 de setiembre, Nicaragua, con el Acta de los Nublados, y Honduras el 28 de setiembre. Nicaragua el 13 de octubre rectificó el Acta del 28 de setiembre. El Acta de Guatemala y la de Nicaragua de 28 de setiembre llegaron a Costa Rica a mediados de octubre y se dispuso que se discutieran en los pueblos, nombrando delegados para que el 29 de octubre en Cartago, los que fueren nombrados tomaran la decisión correspondiente, como lo hicieron ese día, proclamando la Independencia de Costa Rica. En los primeros días de noviembre se procedió rápidamente a fortalecer la Declaratoria de Independencia y se dispuso redactar la Primera Constitución de Costa Rica, la del Pacto de Concordia, que se aprobó el 1° de diciembre de 1821, a escasos 33 días de haber proclamado la Independencia. ¿Acaso no fue este un hito extraordinario en nuestra naciente historia independentista?

Quienes redactaron el Acta de Independencia tenían cultura política, cultura jurídica y cultura histórica. No tengo la menor duda que tuvieron noticias de la Constitución de Bayona, de julio de 1808, de la Constitución de Caracas de diciembre de 1811, de la Constitución de Cádiz de marzo de 1812. Probablemente supieron también de las Constituciones de Estados Unidos de 1787, y ¿por qué no, la de Haití de mayo de 1801, la del Socorro, de Paraguay, de 1811, la de Quito, Ecuador, de febrero de 1812 y la de Guayaquil de 1820, la de México, la llamada Constitución de Apatzingán, de octubre de 1814, por citar estas.

Si pasamos al momento estelar de la Proclamación de la República, el 31 de agosto de 1848, por el Dr. José María Castro Madriz, igualmente tratamos el acontecimiento como la decisión del Benemérito. Pero, ¿respondió él a una generación política de su tiempo? ¿Era él su mejor representante? ¿Y la generación, si es que la hubo, que impulsó a Juan Rafael Mora Porras a tres gobiernos continuos desde 1849 hasta 1859? ¿Y el grupo que impulsó su asesinato, acaso no fue otra generación histórica?

Lo mismo podríamos decir del grupo que sube al poder con Tomás Guardia, en 1870, que articula el grupo de los liberales en el poder durante esas dos décadas, particularmente, y de seguido a su muerte, con reformas liberales y la Comisión Codificadora, así como con el establecimiento de las más modernas instituciones de ese final de siglo, entre ellas el Registro Civil, el Archivo Nacional, el Registro Público, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional, el Instituto Meteorológico Nacional.

Para esta época se hablaba, o se reconoce, también, la llamada Generación del Olimpo.

Cuando en esta misma época, finales del siglo XIX, se enfrentan sectores populares a esta Generación del Olimpo se introduce la separación clasista, de grandes clases sociales, de la sociedad costarricense, entre los del Olimpo y los chaquetas, descamisados y descalzos.

El grupo de intelectuales y escritores que se aglutina en 1909 alrededor del Grupo Germinal, que impulsa el movimiento obrero, ¿acaso no fue una generación, no solo muy importante, sino muy influyente de larga data en los sucesos históricos posteriores, cuyos representantes más importantes fueron Carmen Lyra, Joaquín García Monge, Omar Dengo, José María Zeledón Brenes, entre otros?

Las sufragistas, que empiezan a surgir en la década de 1910 de manera más organizada, ¿serán otra generación o tan solo una manifestación de mujeres en lucha por el reconocimiento del sufragio?

Los sucesos que se producen organizadamente contra la dictadura de los Tinoco, ¿se pueden ver como una manifestación de una nueva generación histórica que está surgiendo en ese momento?

¿La generación de jóvenes que entre 1929 y 1931 funda el Partido Comunista de Costa Rica era una nueva generación política de personas?

Lo mismo se puede decir con relación a la gente que se aglutina alrededor del Centro de Estudios para los Problemas Nacionales y de la Revista Surco, en el primer lustro de la década de 1940, que repercute a los sucesos de 1948. Sobre estos incluso hay un libro específico que trata sobre la Generación del 48.

Hasta este momento, hasta la Guerra Civil de 1948, frente a las generaciones resaltó el caudillismo, el gamonalismo, el personalismo fuerte de ciertos dirigentes políticos que les dieron nombre a sus movimientos políticos, sobre las generaciones que alrededor de ellos se aglutinaron en distintos momentos, que fueron como un sombrero sobre ellas. Así el fernandismo de Máximo Fernández, el rafaelismo de Rafael Yglesias, el tinoquismo de los Tinoco, el volismo de Jorge Volio, el jimenismo de Ricardo Jiménez, el morismo de Manuel Mora, el cortesismo de León Cortés, el calderonismo de Calderón Guardia, el ulatismo de Otilio Ulate, el figuerismo de José Figueres Ferrer, el oduberismo de Daniel Oduber, el arismo de Óscar Arias, por citar algunas manifestaciones de este tipo. Se han estudiado en este sentido más estas corrientes políticas que las generaciones de personas que a ellas se adhirieron.

Luego, se ha hablado de la generación de ALCOA de 1969 - 1970. No se ha hablado así de la generación del Combo, del 2000, o de la lucha contra el TLC de 2006-2007. Se ven estos movimientos en otras dimensiones.

Pero, en estos últimos años, se ha venido hablando, por influencia del impacto de los análisis de comportamientos sociales y económicos, en relación al consumo y al mercado, de otras generaciones de personas, llámense X, Y, Z o millennials.

Curiosamente estas últimas denominaciones, que tienen que ver fundamentalmente con agrupaciones de jóvenes, en distintas épocas, y por ranking de edades, hoy se trasladan a los escenarios político electorales, y se habla de las mismas categorías proyectándolas al escenario electoral, de lo cual en Costa Rica no estamos al margen.

Hay generaciones de personas y de ciudadanos que impone la edad. Los mayores de 18 años son los ciudadanos, sobre los que no lo son, con derechos políticos. Los mayores de 21 años, que como ciudadanos pueden ser electos a la Asamblea Legislativa, los mayores de 25 años que pueden ser electos ministros, los mayores de 30 años que pueden ser electos a la Presidencia de la República. Aquí está el ranking más importante de edades para optar a puestos de elección popular ante la Asamblea Legislativa y el Poder Ejecutivo.

Hay generaciones que impone la legislación laboral en tanto se faculta, por rango de edad, con esta legislación, para trabajar o no trabajar y para autorizar a menores a trabajar. Aquí se distinguen grupos que no trabajan o tienen impedimento legal para hacerlo por edad, fundamentalmente, y por sexo, en determinadas labores, se regula su participación. Están también los grupos que trabajan con ranking de edad hasta el momento de su jubilación o retiro, que de acuerdo con los distintos sistemas de pensiones las edades de retiro laboral pueden ser desde los 50 años hasta los 65. Hace algunos años no se permitía trabajar más allá de los 70 y se obligaba al retiro al cumplir esta edad.
Sobre los adultos se han creado igualmente generaciones, la tercera edad, los adultos mayores, y otras categorías.

Están las generaciones estudiantiles, de preescolar, escolar, secundaria y universitaria. Con estas y sobre estas el mercado y sus gurús de publicidad y de consumo actúan cotidianamente.

En términos generales, sin entrar en otras especificaciones, la población del país, para el escenario electoral que nos atrapa, la podemos dividir también en la población no votante, los menores de 18 años, los votantes mayores de 18 hasta, según entiendo, 117 años, que es la ciudadana de mayor edad en posibilidad de emitir su voto el 4 de febrero del 2018.

Aquí se pueden hacer categorías de edades. Dicen que una tercera parte de los votantes es menor de 40 años, lo que significa que dos terceras partes son mayores de 40 años. De esta manera, no necesariamente los menores, o los jóvenes así considerados, deciden una elección.

Si por abstencionistas fuera, los que no participan con su voto en el proceso electoral, el mayor número de abstencionistas, en los procesos electorales de 2002, 2006, 2010 y 2014, está en el ranking de edades que oscila entre 18 y 21 años, con promedios porcentuales que andan iguales al abstencionismo nacional, entre el 30,5% y el 35,5% en la última elección. ¿Qué nos dice que esto no va a resultar igual en las elecciones de 2018?

¿Qué puede atraer a los jóvenes a votar entusiastamente? ¿Un mensaje sobre la Costa Rica que les ofrecen Antonio Álvarez o Rodolfo Piza? ¿Una oferta electoral con un candidato de 37 años, Carlos Alvarado, o un Sergio Mena, con 40 años, los candidatos más jóvenes del próximo proceso electoral, ambos disputando ese sector juvenil, el mismo Sergio Mena con un partido que se autodenomina Nueva Generación? ¿O un discurso electrizante, de los ataques que se quieren oír, de Juan Diego Castro? ¿O un discurso panfletario de las corrientes políticas cristianas o de cualquier otro carácter populista?

¿Estamos ante generaciones políticas, políticamente tratadas, que desean mensajes políticos sobre su realidad actual y su futuro, o ante generaciones tratadas por el marketing publicitario, que les venderán candidatos y partidos como se venden productos, jabones, refrescos, electrodomésticos o comida electoral chatarra?