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Si les digo que he hecho 2 viajes de unas 48 horas en una sola semana, se imaginarán que he tenido mucho tiempo de ocio y/o de trabajo pero es absolutamente falso. Ha sido tiempo muerto. La incomodidad de un avión,  la falta de descanso y el estrés de los pendientes me hizo totalmente improductiva. No obstante la ausencia de redes sociales por falta de acceso a internet, me hizo reflexionar alrededor de las razones por las cuales tengo meses de no estar tan presente o con la misma intensidad que antes. Para el año pasado identifico las razones y entiendo que eran ajenas a mí pero este año, han sido simplemente las ganas de quedarme lejos de las noticias y de la interacción social virtual.

¿Cómo terminé con poca interacción en esta primera mitad del año? Considero que una de las razones más poderosas fueron las elecciones. El desgaste de discutir con la gente que querés, con quien trabajás, a quién le tenés afecto y/o respetás fue impresionante. Es increíble como el fundamentalismo no sólo ganó 14 diputados y diputadas además de una tajada gigante de la deuda política sino que además logró dividirnos a través de la decisión de anteponer los intereses  personalísimos de algunas personas por encima del bien común, visto como el fortalecimiento de la democracia y del estado de derecho.

Nuestras estrategias desde el activismo por los Derechos Humanos y para la construcción del país de paz que hemos creído que somos hemos en Costa Rica, tienen que cambiar y con esto vuelvo al tema de las redes sociales: seguiré bloqueando en mi perfil personal y en mi página a quién no quiera dialogo pero tratando de invertir en crear una doble y recíproca vía de comunicación, denunciando a quién lo merezca pero haciendo el esfuerzo, porque no puedo asegurar lograrlo, de crear puentes de intercambio de ideas y propuestas. Aislarnos en la sacralidad del lenguaje, de la democracia, del derecho, de nuestros valores sin duda no nos llevarán al lugar que queremos, un lugar donde nadie tenga miedo de ser quién es o quién quiera ser y que por lo tanto reconozca la autonomía, la autodeterminación y la libertad de las otras personas.

En fin, el punto central de esta reflexión está en que sin duda la “guerra” iniciada por conservadores y fundamentalistas no puede ser ni sostenerse como tal. Por el contrario, tendríamos que cambiar esa figura por la  “construcción” de un país que respete las diversidades, que las respete plenamente, es decir, que se entienda  el valor de las personas solo por ser, por su dignidad inherente, implica necesariamente que reconozcamos que no podemos seguir en bandos. Quiero hacer énfasis en lo de construcción añadiendo que tiene que ser colectiva, desde diferentes bandos, desde diferentes posiciones y estrategias, desde la crítica y la exigencia de rendición de cuentas pero de manera colectiva y sin dudar que existen puntos puntos de inflexión. 


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