Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 15 Octubre, 2009


VERICUETOS
La paz también es esperanza
La paz consiste en gran parte, en el hecho de desearla con toda el alma (Erasmo)

La paz no es solo ausencia de guerra o de un estado de violencia, la paz es determinación, actitud; es voluntad, es capacidad de soñar, el empeño de cambiar, la paz también es esperanza.
El Nobel al presidente Obama lo es al hombre que hizo soñar a una nación y al mundo, que hizo entender a las multitudes alrededor del orbe que sí es posible un mañana diferente, al estadista que se empeña en recuperar para su país un liderazgo basado en la cooperación, la comprensión y el respeto y no en el miedo y la agresión, en la vigencia y no en la negación de los derechos de todos los hombres. Es un premio a su compromiso y su capacidad para dialogar, a su política de entendimiento, comprensión y solidaridad con todos los hombres y con todos los pueblos. Es el mérito a su convicción de que todos tenemos un compromiso y un papel que jugar en la consecución y mantenimiento de relaciones desarrolladas en un ambiente de armonía y concordia basadas en sistemas de equilibrios y simetrías, en los que ninguna verdad presumible pretenda ser impuesta, de ninguna forma y mucho menos mediante el uso del recurso de la fuerza.
Barack Obama nos ha dado muestras de estar dispuesto a ejercer las características propias de la paz como recurso y como objetivo.
Este año el premio es también el reconocimiento a todos los hombres y mujeres que confiaron y soñaron en que sí es posible construir una sociedad en la que nuestros hijos y nuestros nietos puedan ser felices.
El Presidente se ha propuesto que el sueño de Martin Luther King se pueda cumplir… algún día.
Yo les digo, amigos míos, que a pesar de las dificultades y frustraciones del momento, aún soy optimista.
Tengo un sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se sentarán juntos en la mesa de la fraternidad.
Tengo un sueño, de que mis cuatro pequeños hijos, algún hermoso día, vivan en una nación en la que no sean juzgados por el color de su piel, sino por la capacidad de su carácter.
Tengo un sueño de que un día todo valle será elevado; en que cada colina y montaña será aplanada, los espacios abruptos serán nivelados y los lugares tortuosos serán enderezados, para que la gloria del Señor sea revelada y todo el género humano la contemple.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que vuelvo al Sur. Con esta fe podemos transformar las pendencias y discordias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de fraternidad.
Cuando resuene en cada poblado y en cada aldea, en cada Estado y en cada ciudad, el grito triunfal de la Libertad, entonces se apresurará el día en que todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, pueden juntar sus manos amorosamente para cantar las palabras de aquel viejo 'espiritual' negro: ¡Libre al fin…! ¡Gracias a Dios todopoderoso somos libres al fin…!” (Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz, 1964.)
La paz también es un sueño, una esperanza.