La NASA aterrizará en un asteroide después que uno casi impacta la tierra
Imagen con fines ilustrativos. Shutterstock/La República
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Los astrónomos suspiraron de alivio al unísono la semana pasada, cuando un asteroide de 30 metros que iba a toda velocidad hacia la Tierra no le acertó por 80 mil kilómetros, sólo un quinto de la distancia a la Luna. Por más reconfortante que sea haber evitado una calamidad terrestre, lo que no deja de ser perturbador es que nadie sabía que se acercaba.

La casi colisión ocurrió sólo días antes de la fecha planeada por la NASA para lanzar una sonda de $800 millones que aterrizará en un asteroide mucho más grande, un resto del comienzo del Sistema Solar que debería aportar pistas sobre los orígenes de la Tierra.

La misión OSIRIS-Rex despegará de Cabo Cañaveral, Florida, el 8 de septiembre.

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La misión “nos acerca a nuestras metas más prácticas: entender los recursos del Sistema Solar cercano a la Tierra, así como también los peligros”, dijo Jeffrey Grossman, un científico de la misión, en una conferencia de prensa el mes pasado.

La sonda visitará un objeto “próximo a la Tierra” que traza una órbita alrededor del Sol similar a la terrestre. El asteroide, llamado Bennu —nombre dado por un niño de nueve años de Carolina del Norte— resultó conveniente por varios motivos. Es antiguo: básicamente sobras de masa de pizza del origen del sistema solar. Por lo tanto, podría contener algunos de los secretos químicos de cómo la Tierra quedó sembrada con la posibilidad de albergar vida.

Sin embargo, la condición de objeto cercano a la Tierra no convierte a Bennu en amigo de nuestro planeta natal. Al estar en el vecindario, pasa la Tierra cada seis años y se acerca tanto que los científicos le dan una probabilidad en 2.700 de que choque contra nosotros en los próximos dos siglos.

El efecto Yarkovsky

Es tentador creer que las leyes de movimiento de los planetas de Kepler postulan que los objetos celestiales, entre ellos los asteroides y los cometas, adoptan órbitas inmutables y calculables con precisión alrededor del Sol. Pero hay algo más. OSIRIS-REx medirá un fenómeno conocido por un apodo que suena a novela de espías, “el efecto Yarkovsky”.

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Un pedazo de roca grande puede acelerar a medida que la luz del Sol lo recalienta y la oscuridad del espacio lo enfría. Esa aceleración puede desviar ligeramente su trayectoria. El efecto “funciona como un cohete propulsor y cambia la trayectoria del asteroide”, dijo el mes pasado Dante Lauretta, investigador principal de la misión y profesor de la Universidad de Arizona. “Así que, si se quiere predecir dónde estará un objeto como Bennu en el futuro, hay que tener en cuenta ese fenómeno”.

Eso significa que Bennu, descubierto en 1999, podría sorprender a los astrónomos cuando su órbita comience a seguir más de cerca la de la Tierra dentro de 160 años. Recopilando datos precisos sobre su composición, su forma y las características de su superficie, NASA espera ser capaz de documentar el efecto Yarkovsky con mayor detalle, y por ende tener una mejor idea del riesgo que entrañan los asteroides para la Tierra, como “2016 QA2”, que casi choca contra nosotros hace poco.

La nave de recolección de muestras puede cargar hasta 2 kilos de rocas espaciales. La cantidad mínima esperada por los científicos es de unos 57 gramos. Es mucho trabajo para lo que parece poco material... y, sin embargo, es una idea mucho mejor que esperar a ver si el asteroide de 487 metros de ancho impacta contra la Tierra a fines del próximo siglo.


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