Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 30 Diciembre, 2010


De cal y de arena
La frustración de las ninfas

Las ninfas se distanciaron de ella y la Presidenta Chinchilla no parece percatarse de lo que esto le significa. Los buenos auspicios con que se percibió su ascenso a la primera magistratura, a la que trajo vientos de refresco, un nuevo talante y accesibilidad a ciudadanos y políticos, con lo que marcó un claro punto y aparte, en su momento se hicieron acompañar de las fabulosas deidades de la mitología griega deseosas de coadyuvar a hacer de la llegada de la primera mujer a la Presidencia de Costa Rica, un hecho señero y trascendental. Se dice que la Ninfa Egeria se acercó cuanto pudo a doña Laura para actuar como su consejera secreta y escuchada así está su papel en la mitología griega. Sus sugerencias comenzaron por la conformación de su más cercano equipo de asesores y de su gabinete. Luego por el espinoso terreno de la solución de los más candentes problemas heredados, las relaciones con el frente político y con el mundo de las pirañas, es decir, ese cardumen de empresarios, financistas y abogados que ha cabalgado a lomos de los gobiernos para consolidar privilegios y marcar su norte. Parece que las ninfas encontraron excelentes los criterios expuestos en un reportaje periodístico en febrero anterior por don Rafael Angel Chinchilla sobre lo que debería valorar más la señora Presidenta a la hora de escoger a sus colaboradores y de trazar el rumbo de su gobierno. Los hicieron suyos y se los presentaron con gran ilusión. La Ninfa Egeria quedó a cargo de mantener a buen recaudo sus consejos y de procurar que doña Laura los siguiera puntualmente. Al fin y al cabo, en su esencia provenían de aquel excelente y ejemplar señor que fue Contralor General de la República.
La luna de miel duró poco. Porque doña Laura no tardó en hacer las cosas bastante diferentes de lo que la Ninfa Egeria le proponía. Comenzando por el gabinete, por los rectores del sector autonómico y por el círculo de asesores. Cuando las ninfas se percataron del rumbo que llevaban las cosas y del pelaje de los nuevos ungidos, donde la incompetencia y la mediocridad aparecían como la mala hierba, pusieron pies en polvorosa. La última en hacerlo fue Egeria, quien había conservado las esperanzas hasta no más, quizá con un grado de candor. Ya no están, ni ella ni Dríada ni Nereida ni Ondina ni ninguna. Pero se dice que le dejaron una epístola llena de consejos que en lo fundamental se dirigen a no demorar la recomposición de su gabinete priorizando la aptitud política, integridad moral y capacidad intelectual porque, pronosticaban ellas, en 2011 aparecerían graves complicaciones en el frente internacional, una estrechez económica acentuada que le obligaría a replantear la estructura impositiva, a resultas de lo cual se acentuarían el desempleo, la pobreza y la inequidad con riesgo de agitación social, y el coletazo de la corrupción en creciente presencia y del aterrizaje aquí del narcotráfico. Parece que no escapan a sus intuiciones ni la crisis de los partidos políticos que los incapacita para brindarle una mano fuerte y oportuna ni las asechanzas de los hermanos Arias por lo que en la carta las ninfas insinúan conformar un gobierno de unidad nacional de clara identificación con la social democracia.

Alvaro Madrigal