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La cocina

Solo aquellos con vocación, logran entrar en ella y quedarse.
Es de hecho una extraña pasión, pues trabajan en lugares calientes, tiene horarios que espantan al más valiente, sufren sus familias la ausencia de ellos frecuentemente en eventos importantes, muchos ven crecer a sus hijos de forma intermitente y muchas veces también ven a sus parejas de la misma manera...
No se les felicita, como debe ser, cuando hacen un buen trabajo (pues eso se espera de ellos y ellas), y la mayoría de los casos para llegar a disfrutar de un buen salario deberán trabajar largos años acostándose bien tarde y trabajando donde los otros se divierten.
Todo eso suena al mismo infierno, no solo por lo caliente, y pensarán algunos que se requiere estar loco para entrar en esta carrera de chef, sin embargo los profesionales de alimentos y bebidas entendemos el porqué.
Hay una recompensa escondida en el fondo y que solamente cada uno en la intimidad disfruta y sirve de combustible para seguir, es el placer de hacer lo que otros no pueden, crear para suplir no solo la más básica de las necesidades, sino que hacerlo con arte: las pinturas no pueden comerse, ¿verdad?
El buen chef en realidad no requiere reconocimiento; no lo necesita, aunque a veces sí hace falta; el buen chef sabrá si lo hizo bien o no aunque reciba aplausos de gente que en realidad no conoce lo que degusta o si se preparó con técnicas culinarias depuradas.
El buen chef es un viajero solitario que muchas veces al salir de su trabajo muy tarde y camino a casa se pregunta si valió la pena, pero al amanecer y encontrarse con su cocina de nuevo responde afirmativamente a su corazón porque sabe que es un ser humano privilegiado.
Buen provecho y hasta la semana que viene.

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