Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 25 Julio, 2017

Reflexiones

La estrategia de desarrollo, ¿qué nos falta?

Hacia finales del siglo XX Costa Rica era considerado junto con Chile y Uruguay, entre los países más exitosos en virar y modificar su estrategia de desarrollo, garantizando también el preservar las bases democráticas y el componente de equidad y oportunidades, elemento central para tener el balance entre el crecimiento de la economía y una apropiada distribución de la riqueza. Podemos calificar de muchas formas este proceso de apertura e integración al mundo; sin embargo, los resultados en términos de diversificación de las exportaciones, crecimiento de la inversión extranjera directa y mejora en materia de crecimiento y eficiencia económica han sido sustanciales. Empero, como todo proceso de crecimiento sustentado en factores estáticos, la eficiencia productiva tiene un techo, las posibilidades de seguir generando ganancias estáticas en el comercio también y por más que algunos pretendan completar la tarea de la apertura y de la desregulación, no ganaremos gran cosa con ajustar los últimos detalles de un modelo de desarrollo que claramente está incompleto y que no permitirá crecer, más allá del 3 o el 4% del PIB anualmente en las próximas décadas.

No se trata entonces de descartar lo hecho o de pretender, al mejor estilo de las critica de fútbol, analizar lo que pudo ser y no fue, el día después. El país realizó un proceso de apertura e integración al mundo que ha sido satisfactorio, que ha dejado importantes logros pero que tiene, como elemento central, un claro límite como estrategia de desarrollo a saber, la reducción en el potencial de expansión y crecimiento que se logra a través de la eficiencia de los factores de la producción. Es así entonces que, para crecer y generar más riqueza se debe pensar nuevamente; ¿qué debemos y podemos cambiar en nuestro modelo de desarrollo?

Por muchos años he estudiado la economía de la innovación y del aprendizaje, una nueva rama shumpeteriana del conocimiento económico, que ha adquirido gran importancia en el diseño de las políticas públicas productivas en Europa, Asia e inclusive en América del Sur. Se trata de entender la economía de lo que no existe, las necesidades de apuntalar los procesos de innovación, creación y destrucción de valor, desarrollo de nuevas cosas, empresas, reglas del juego y claro, nuevas políticas públicas. Parte de la obra de un economista que debería estar en toda buena biblioteca de economía y que debería enseñarse mucho más en nuestras escuelas de economía y administración, Joseph Shumpeter. Sus escritos son, desde mi humilde criterio, una fuente de inspiración para entender el éxito de los nuevos países emergentes en el mundo, apuntalando los procesos de cambio y su direccionalidad, más que creando defensas o barreras a los mismos.

La experiencia shumpeteriana implica que las cosas cambian, debemos cambiar muchas cosas en la sociedad y la economía de nuestro tiempo si queremos aumentar la productividad y sobre todo, escalar en nuestras posiciones de desarrollo. La política productiva debe basarse mucho más en el acceso u uso inteligente de nuestro conocimiento y por lo tanto, la mejora en el acceso, calidad y amplitud de la Internet son esenciales. Ahora, desde la perspectiva empresarial, la base debe de estar en un cambio radical en la forma de financiar nuestras empresas y nuevos emprendimientos. Se deben de usar más inteligentemente los dos lados del financiamiento de una empresa, por una parte, abrir el capital y apuntalar la financiación por medio de nuevas formas de integrar capital a los negocios. El capital de riesgo, capital semilla, capital abierto a través de esquemas compartidos de riego, nuevas formas de gerencia y de participación entre fondos públicos y privados en conglomerados y encadenamientos productivos.

Por supuesto, usar el crédito cuando es necesario, para el embalaje o el capital de trabajo, tenemos entonces que ser más exigentes con nuestras pymes, pero también despolitizar y liberalizar de mejor forma nuestro sistema financiero. La estrategia cambia, el valor está en la forma de hacer las cosas, más que en las cosas que hacemos. Debemos avanzar con mayor velocidad en la integración inteligente al mundo, pero apoyar la innovación y favorecer las oportunidades de crecimiento de nuevas empresas, nuevos sectores y nuevos negocios en general. No podemos sacrificar a un sector para salvar a otro, el gran secreto es tener mejores niveles de gobernanza pública y una alianza con el sector privado, a todas luces, el llamado a hacer la diferencia.

El mundo cambia rápidamente y, el desarrollo y sus requerimientos, no nos da tiempo para grandes argumentos filosóficos o quedarnos en las protestas ludistas que no pueden apropiarse de los cambios. No podemos seguir con un modelo de desarrollo anclado en la economía de lo que existe, debemos aspirar a la economía y la sociedad que no existen y crear las competencias para lograrlo conservando nuestro mejor ADN como ecosistema social y económico. Si seguimos haciendo lo mismo no tendremos resultados diferentes, es por eso que hoy el gran reto es una economía innovadora, capaz de adaptarse y aprender más rápido, capaz de crear valor nuevo e innovar, esa economía 3.0 requiere una sociedad más democrática, pluralista y de oportunidades para todos, de eso, seguiremos hablando en una futura reflexión.

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