Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 12 Septiembre, 2017

Reflexiones

Innovación disruptiva y empleo público

La semana pasada fui invitado por las autoridades de recursos humanos de los gobiernos de Centroamérica y República Dominicana a brindar una conferencia sobre “innovación tecnológica y empleo público” en el marco de la reunión anual organizada por el Instituto Centroamericano de Administración Pública (ICAP) en la ciudad de Panamá. Quiero referirme a algunos de los desafíos identificados y las tareas pendientes que marcan el devenir de un tema que será, sin duda alguna, de gran trascendencia en el acontecer público de la región.

He de iniciar diciendo qué, si bien se han dado avances en el comportamiento y gestión de lo público en los últimos años en la región, todavía vivimos condiciones en materia de gestión y de dinámicas públicas que se anclaron en el siglo XX, cargando además con rezagos históricos en materia de planificación estratégica, coherencia en la planeación y gestión operativa y táctica y por supuesto, enormes rezagos en materia de transparencia y rendición de cuentas. Es por eso qué, de una u otra forma, la dinámica de innovación y cambios que se viven en el ecosistema social y productivo de este nuevo siglo, toma claramente rezagadas a las políticas públicas y la gestión de lo público en Centroamérica, haciendo la tarea de adaptabilidad y de cambio aún más extrema y necesaria.

Con la expansión y consolidación de nuevas tecnologías en campos como la informática, la robótica, la realidad virtual y aumentada o, en el nuevo mundo de los datos y su uso sistémico; se pone en boga lo que podríamos llamar como un cambio tecnológico disruptivo en la producción y las formas o maneras de organizar la misma, con lo que se afecta disruptivamente el empleo en prácticamente todos los sectores de la sociedad. El empleo y la gestión de los recursos humanos públicos son también entonces, objeto de grandes dinámicas de ajuste y de cambios. Esos cambios se manifiestan apenas en sus primeras consecuencias, generando numerosos conflictos y por supuesto, una creciente preocupación en la ciudadanía y en los tomadores de decisiones.

La automatización de los procesos públicos con la llegada masiva de los expedientes electrónicos, las compras y gestiones públicas en línea, la dinámica del uso de redes inteligentes, robots y sensores remotos, la creciente articulación de trámites, entre otros, provocan enormes desajustes en las dinámicas del empleo y los requerimientos humanos para hacer valer la idoneidad y parsimonia de las nuevas plataformas tecnológicas. Empero, estos incipientes procesos de automatización aún no logran sustituir porciones importantes del empleo público, se realizan más como pilotos de aprendizaje que como estrategias públicas asociadas con gobiernos inteligentes.

Es entonces con la llegada de la nueva ola tecnológica en estos últimos tres años que se inician verdaderos desafíos en el campo del empleo público, sobre todo en las actividades de empleo en educación, empleo en salud y empleo en seguridad ciudadana; actividades que cubren una parte significativa del empleo público en los estados, seguidos por los sectores de infraestructura y soporte público, muchos de los cuales han sido privatizados en las últimas décadas. Estos sectores se encuentran entre los de mayor impacto en el empleo y además, en ellos se prevé una ola de automatización y de cambios disruptivos en el corto y mediano plazo —próximos diez a 15 años—.

Será inevitable entonces ver cómo los maestros de inglés son sustituidos por robots electrónicos en línea, que trabajan bajo algoritmos preestablecidos y que favorecen una aproximación a la lengua de manera más estándar y profesional. De igual forma, podremos ver un aumento en el desempleo de los médicos generales, quienes serán fácilmente sustituidos por diagnósticos sencillos y automatizables en algoritmos y sistemas de blocks, todo al alcance de una computadora y de Internet. Elemento similar sucederá en la industria de la seguridad pública y ciudadana en general, donde la sustitución vendrá más pronto y se podrán establecer mecanismos de control inteligente de casi todo tipo de conflicto o manifestación de violencia pública. Todo lo anterior a partir del uso inteligente de las cámaras, los sensores remotos y los sistemas de reconocimiento fácil de las personas.

Escenarios muy diversos y complejos vendrán en cada una de las distintas realidades de lo público, pero los cambios en la generación del milenio provocaran también ajustes en el poder político y en la forma en como se observan y plantean las necesidades y prioridades del quehacer público. La innovación tecnológica será sin duda alguna el detonante de cambios significativos en las instituciones, la gobernanza y la forma en como se organizan el empleo y las competencias dentro del sector público. Prepararse para surfear la ola y no ser atropellado por ella es un imperativo en el accionar de la gestión pública.

Si bien lo anterior no asegura que seremos exitosos en la trayectoria de cambios, al menos nos pone en un enfoque de planificación y gestión distintos, menos estrecho y sobre todo, más en función de las demandas de la ciudadanía. Prepararse significa aceptar que estamos ante un momento disruptivo y que la innovación y la adaptación serán fundamentales para retomar la senda del crecimiento y del desarrollo. El reto de reaprender y recalificarse será entonces permanente y deberá estar en el centro de todo proceso público.