Nuria Marín

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Lunes 25 Octubre, 2010


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(In) Seguridad en las carreteras

En un estudio en Estados Unidos, se evidenció que los accidentes en las carreteras son la mayor causa de muerte de estadounidenses que viajan al exterior. En un mundo donde existen males y amenazas como el terrorismo, el crimen organizado, la delincuencia común, las enfermedades infecciosas y accidentes aéreos, entre otros peligros, este dato resulta realmente revelador.
Así, en un periodo de siete años (2003-2007) un tercio de las muertes de estadounidenses ocurridas por causas no naturales tiene que ver con el mal estado de las calles y carreteras de importantes y hasta populares destinos turísticos, entre ellos México (40% de las muertes) y República Dominicana.
El reporte proviene de una organización no gubernamental denominada Make Roads Safe, la cual ha venido trabajando el tema con las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud, con el objeto de promover a nivel global mejores estándares de seguridad en las carreteras.
Según este informe existe un coctel letal que combina malas carreteras, vehículos en mal estado, manejo temerario, mala señalización y turistas extraviados, todo lo cual provoca en el año que 25 mil turistas en el mundo pierdan la vida. Se calcula que para 2020 esta cifra podría llegar a 45 mil y a 75 mil en 2030.
No es de extrañar que la mayoría de las muertes (90%) ocurra en países de renta baja o media, sin embargo, llama también la atención el número de muertes en países desarrollados como España y Alemania.
Dentro de esta coyuntura, la realidad es que Costa Rica no aparece en los primeros lugares en siniestralidad vial de milagro. Hay que reconocer que por acción u omisión los gobiernos están en deuda en garantizarles seguridad en las carreteras a nuestros ciudadanos y a nuestros visitantes.
Tenemos décadas de rezago en inversión en infraestructura, lo que nos ha llevado a la peligrosa habilitación de calzadas para crear terceros carriles, permitir lo impensable, autobuses en las autopistas, y una vía interamericana con su vida útil agotada.
Las ciclovías, tan necesarias para la salud y como alternativas no contaminantes, son una realidad desconocida para la mayoría. Por otra parte, existe poca o nula señalización en las calles y carreteras, donde las direcciones a la tica si bien parte del folclor nacional poco o nada ayudan a un más seguro transitar.
La apuesta país en las concesiones ha sufrido traspié tras traspié ante la poca capacidad para planificar, engorrosos trámites, largos procesos de adjudicación, incapacidad en la supervisión, etcétera.
El problema es grave y de acción inmediata. En juego están nuestras vidas e integridad física. Debemos reaccionar con celeridad y efectividad y no caer en absurdos como argüir en defensa de la carretera a Caldera que esta es más segura que la carretera a Limón. ¿Cuántas muertes más necesitamos para actuar?

Nuria Marín