Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 15 Mayo, 2015

Sinceramente
¡Impuestos!

Hace una semana hablábamos del orden lógico con el que se debe abordar el déficit fiscal. Primero la seria contención del gasto, luego la aprobación de las leyes que pongan bajo control los disparadores del mismo, ya redimensionado el Estado, y habiéndose suprimido las duplicaciones de competencias y de instituciones, vueltos a la realidad de la posibilidad de país de desarrollar unos programas suprimiendo otros, pues debemos hablar de nuevos impuestos solo si hacen falta.
No es dable a una sociedad en un mundo global actuar a espaldas de la comunidad internacional y de los gravámenes que en las economías del entorno se han impuesto a consumidores y productores.


Sería suicida pedir más impuestos en Costa Rica que aquellos exigidos en los países competidores, ya que las facilidades de migrar de los productores y consumidores son cada vez mayores. El grupo de países circundantes son un factor de atracción de inversión extranjera e incluso de inversión costarricense, que obteniendo allá mayores beneficios, se han ido mudando de país. El caso más claro ha sido Nicaragua donde emblemáticas empresas costarricenses han emigrado para seguir siendo viables. Más impuestos sobre las empresas que ya los pagan podrían motivar que esa emigración se acelere.
No es razonable aumentar las tasas impositivas de manera importante en una sociedad, ya que la economía informal aumentaría de manera violenta y esa competencia desleal para las empresas formales tributando plenamente, sería insoportable para su existencia.
El Estado está en función de los ciudadanos y de los gastos comunes que ellos desean que se hagan. Los ciudadanos no son vacas de ordeño del Estado. Ciudadanos pobres y Estado rico no es el modelo que quiere Costa Rica.
Si el gobierno sube los impuestos de manera sensible a las empresas formales ya gravadas, las empresas informales que no tributan, que no emiten facturas, que no pagan impuestos de importación ni tienen a sus trabajadores en las planillas de la CCSS terminarían por acabar con aquellas que sí pagan y que son las que mantienen a los gobiernos.
De nada vale subir impuestos sin un serio programa de formalización de empresas. Imponer nuevos tributos nunca ha sido tarea fácil ni sencilla. Impuestos a empresas y personas son generalmente recesivos. Ningún país se desarrolla a punta de impuestos.
Si subimos los impuestos, llega un momento en el que la recaudación disminuye lejos de aumentar.
Una ley para la supresión y ordenamiento de las exoneraciones parece un gran paso. Requerimos una Ley de Pensiones y otra Ley de Empleo Público también.
Antes de subir los tributos el país debe conocer bien para qué es ese gasto gubernamental y su importancia. El gobierno no debe sacrificar las empresas ni disminuir los ingresos de los consumidores solo para conservar desperdicio y gasto innecesario.
Reducir el gasto de gobierno en un 2% del PIB y aumentar la recaudación en un 1% del mismo, este año y el próximo, es una solución razonable, gradual y posible. No destruyamos la estructura productiva de Costa Rica. Busquemos aumentar productividad y crecimiento económico. La mejor reforma tributaria es un aumento del crecimiento económico.


Profesor

Emilio R. Bruce
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