Impuesto de casas de lujo y de mal gusto
Enviar
Impuesto de casas de lujo y de mal gusto

Francisco Villalobos
ICS Consultores
Experto en impuestos
[email protected]

Andamos muy preocupados por la Ley de casas de lujo, como se le ha llamado a la Ley Sobre el Impuesto Solidario para el Fortalecimiento de Programas de Vivienda.
Lo que es importante entender es que la ley va. Ya se publicó el reglamento (que igual nos genera dudas) y a hoy nadie ha presentado ningún recurso de inconstitucionalidad contra esta, a pesar que de todos lados han salido voces de alerta sobre su supuesta inconstitucionalidad.
Una evidente: alguien que debe el 80% de su casa no tiene la misma capacidad económica que quien no debe nada y, por lo tanto, las capacidades económicas son distintas; pero ambos contribuyentes deben pagar por igual. Algo que haría sufrir a los principios constitucionales que regulan esta materia.
Igual, uno puede preguntarse sobre temas de doble imposición y sobre la inexistencia de un mínimo exento que garantice el principio de proporcionalidad.
Esas son cosas con las que lidiamos los abogados, aburridísimas por lo demás, pero que a uno le parece que el legislador debió haber previsto, digo, para no aguarle la fiesta al Ministerio de Hacienda, quien haría presupuestos alegres basados en una expectativa que luego se desinfla como el amor de quinceañero.
Dicho esto, preparar la declaración será otro tema y le invito desde ya a la próxima columna donde haremos algunos ejercicios y brindaremos consejos prácticos para evitar multas y para evitar pagar más de la cuenta.
Me permito hacer algunas reflexiones bajo la licencia literaria que permite esta columna: esto de hacer impuestos solidarios (¿es que no son solidarios en principio los fines de los tributos?) casi como ocurrencia recaudatoria está muy mal. Nuestros políticos siguen renunciando a su ineludible deber de rendir cuentas y predicar con el ejemplo, sin desviaciones presupuestarias, sin asignaciones a diputados, sin durar dos años para arreglar dos kilómetros de calle, sin gastarse millones en consultorías en propaganda y paseando en avioneta, antes de plantear nuevos impuestos.
Luego, la reforma fiscal debe ser integral, incorporar una ponderación justa de las ganancias de capital, generar certeza para los empresarios, ampliar la base de contribuyentes, eliminar exenciones odiosas y bajar las tarifas.
Si los taxistas y porteadores pagaran como deben, y los doctores, y los abogados… y si se profesionalizara aún más la gestión tributaria, no harían falta estas ocurrencias tercermundistas de un impuesto a las casas de lujo, de cuestionable constitucionalidad y de mal gusto.

Ver comentarios