Homicidios alcanzarían cifra récord a fin de año
El país tiene que prepararse para un aumento en la cantidad de homicidios, producto de la guerra entre bandas narcotraficantes, de acuerdo con Álvaro Ramos, exministro de Seguridad. Gerson Vargas/La República
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Si por la víspera se saca el día, al finalizar este año se registrará una cifra récord de homicidios por encima de las 600 muertes violentas en el país.

Una mayor producción de cocaína en Colombia, así como el surgimiento de nuevas bandas narco que no se sumaron al proceso de paz, no solo incrementan la cantidad de droga en suelo nacional y otros países de la región, sino que cambian la dinámica de Costa Rica en este ilícito.

El país está dejando de ser una zona de paso o de bodegaje y se convierte poco a poco en un centro de distribución hacia Estados Unidos, Europa y otros sitios, dijo Álvaro Ramos, exministro de Seguridad y experto en esa materia.

En los primeros 140 días del año se reportaron 212 asesinatos, de acuerdo con el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

Esto implica que ya hay un incremento del 7% en relación con el mismo periodo del año pasado.

Al finalizar el año pasado se registraron 578 homicidios, de los cuales, el 46% fue tipificado como ajustes de cuentas o venganza.

En 2013, apenas el 21% de los asesinatos tenía como móvil la guerra entre las bandas criminales.

“Lo primero que hay que tener claro, es que en Colombia se estima un incremento en la producción de cocaína de unas 1.000 toneladas, no solo porque se prohibió el uso de herbicidas cuando se hacen fumigaciones aéreas, sino también porque varios grupos que pertenecían a las FARC y que no se desmilitarizaron, ahora se dedican de lleno a la producción y trasiego de esta droga”, agregó Ramos.

Una mayor cantidad de cocaína significa un mayor tráfico hacia Centroamérica, en donde irremediablemente habría un aumento en la violencia.

La presencia del narco en el país copó los titulares de la prensa a mediados de mes, cuando pistoleros —presumiblemente panameños— abrieron fuego en las cercanías del centro educativo Mount View en Escazú, matando a un guardaespaldas y a un hombre de origen libanés, que supuestamente era conocido por las autoridades por ser el “zar de las drogas sintéticas”.

La balacera sería un ejemplo del agudizamiento en la lucha por territorio, y por ende, una mayor cantidad de ajustes de cuentas y tumbonazos, que se definen como el robo de armas, dinero o drogas entre bandas criminales.

“Hay una cultura de violencia, un comportamiento agresivo, una situación difícil. Evidentemente el Estado y no solo la policía, tiene que tomar medidas para paliar la situación. Nuestros hijos y familias merecen y exigen vivir en un sitio mejor, pero los esquemas de violencia no se solucionan solo con nosotros, se requiere de más actores”, dijo Wálter Espinoza, director del OIJ, cuando se refirió al caso del libanés.

En los últimos días el debate sobre el aumento de los homicidios significó un nuevo enfrentamiento entre el Gobierno y los partidos de oposición en el Congreso, ya que el mandatario Luis Guillermo Solís cuestionó a los legisladores por la lentitud como avanza el debate de nuevos impuestos a través del IVA y la renta.

 

 

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