Hechicería: Su evolución cultural
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Hechicería: Su evolución cultural


El contacto con los espíritus, profetizar eventos, la proyección astral, viajar al mundo superior o inferior; han sido solo algunas prácticas dentro de una institución cultural dominada por el pensamiento colectivo del misticismo desde tiempos prehistóricos del que no escapan nuestros antepasados indígenas. Tampoco la sociedad actual.
Desde entonces, se ha creado un doble sentido en estas costumbres: aquel que reduce la ansiedad de una tribu entera, o de forma individual de sus miembros, brindándoles seguridad por el avenir, pero, también, el de crear confusión, control, y temor entre ellos.
De esta forma, los indígenas mesoamericanos, fueran Aztecas o Mayas, siempre tuvieron sus chamanes, también llamados “médicos” o “sacerdotes”; para hacer daño a través de “poderes” maléficos, o por el contrario, para curar enfermedades, adivinar el futuro o “ejercer influencia” sobre las condiciones atmosféricas en favor de sus cultivos.
Desde el “Prícipe hechicero Tláloc”, quien llamaba a las nubes, hasta el azteca “nahualli”- palabra que significa disfraz-eran considerados brujos que supuestamente estaban dotados del poder para convertirse en animales como perros y búhos. Podían provocar la enfermedad y la muerte, quemando una figura de madera que representara a la víctima designada para sus maleficios; afirma J. Soustelle en “El universo de los aztecas”.
Es la nigromancia o magia negra, la hechicería, enmarcada en la segunda acepción expuesta arriba, aquella que infunde temor en la memoria colectiva de las tribus o de manera individual,  para sacrificios o castigos a uno de sus miembros.
Esta transformación hombre-animal, no solo se usaba para hechizos. En su libro, “Cabezas rodantes del mal”, Moscoso Pastrana habla de esa facultad en nuestros indígenas mesoamericanos con el fin de aniquilar a sus enemigos y adivinar el futuro.
Estos “hombres-búhos”, de acuerdo con Soustelle, también preparaban pociones de amor con hierbas, así como bebidas envenenadas; a pesar de que la hechicería –dice este autor- era castigada con la muerte.
¿Qué diferencia hay entonces entre nuestros antepasados indígenas mesoamericanos con la hechicería durante la Edad Media en Europa? Entre el siglo XV y el XVIII, miles de mujeres fueron mutiladas, torturadas, quemadas vivas;por considerarlas brujas, sin embargo, los “hombres brujos” nunca fueron penalizados en esa época, ya que la iglesia Católica consideraba que ellos habían sido “liberados por la muerte de Cristo”, afirmanHolland y Sequeira en una investigación para el programa de estudios “Prolades” (2003).
Siguiendo con esta evolución, una vez que América es cristianizada, se presenta el fenómeno conocido como sincretismo, practicado hasta el día de hoy, y que es la mezcla de lo profano con lo sagrado. Un ejemplo de ello es el rito y la oración de la ruda, el que consiste en hacerse baños con el agua hervida de esta planta mientras se reza una oración que entre otras frases dice: “Por las gotas de sangre que derramó el Rey de Reyes te pido derrames en mí dinero y atenciones…”.
La encuesta realizada por el grupo Demoscopía S.A. en el 2001, demuestra que el 52,3% de los costarricenses creen en la brujería y sus hechizos. Pero, ¿por qué van los costarricenses a consultar brujos?
De acuerdo con la psicóloga Carmen Carrasco, "el adivino", el "brujo" hace hipótesis o afirmaciones de lo que podría acontecerle al individuo. “Recordemos que el atendido desea creer, ver una luz en el camino, que el vacío se apalabre. 
Es una forma de mediar la confrontación que todo ser humano tiene que hacer con el vacío, la duda, el miedo y la desesperación. Este acompañamiento podría tener un efecto placebo”, afirma Carrasco. 
Por lo tanto el uso de la hechicería, hoy, está ligado a la desesperanza del ser humano, de ahí la función sociocultural de los y las brujas: “psicólogas populares”, afirman Holland y Sequeira.
Social y culturalmente, la hechicería, la magia, son vías alternas a esa desesperación para tratar el infortunio y atraer el amor, la riqueza, en fin, el objetivo último de toda persona, como lo dijera Aristóteles (384 A.D - 322 A.D.): es solo una forma más en la búsqueda de la felicidad.
Fuentes: FrancoisGresle y otros, “Dictionnaire de scienceshumaines”. Sandra Orta, “Brujería tradicional indígena mesoamericana”. CliftonHolland y Paula Sequeira, “Religiosidad popular católica en Costa Rica”.Juncos, C. y Sossa, R.(1 y 2 de noviembre de 2014). “El rito de los difuntos”: “Candilejas, La República”. P. 24.

Carmen Juncos y Ricardo Sossa
Editores jefes
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