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Lunes 25 Mayo, 2015

Gobernantes, reformistas y la Constituyente

El país adolece de verdaderas políticas de Estado que promuevan un proyecto país que se consolide y que tenga plazos largos de 15 o 30 años y no se caiga en el término cuatrienal del gobierno de turno; esto es cercenar esfuerzos y recursos valiosos.
Por este punto medular es que deben iniciar estos “grandes acuerdos nacionales” a velar por la continuidad de las políticas públicas que definan un rumbo claro a la sociedad costarricense. Ello requiere una madurez política y consciencia por parte de la dirigencia política del país que debe dar un salto de calidad esperado desde hace varias generaciones y que ha quedado pendiente o rezagado por diferentes circunstancias.


Existen en la clase política nacional vacíos de poder y falta de liderazgo, esto es peligroso para la estabilidad democrática. Es común la existencia de bloques fragmentados de intereses, gremialismos acentuados por la falta de representación de los diferentes sectores en un partido político y, lo que es aún peor, la ausencia de liderazgos claros que marquen pauta. Esto desmejora la calidad de la clase política nacional venida a menos por una serie de señalamientos de corrupción en una peligrosa inversión del principio de inocencia que temerariamente se ha venido aplicando a los políticos en los últimos años, en donde figuran como responsables desde los mismos políticos que acuden irresponsablemente a hacer acusaciones sin fundamento, los medios de comunicación y la fiscalía que no aplica filtros adecuados para actuar con la objetividad que la ley le exige.
Esta falta de calidad se evidencia en nuestra Asamblea Legislativa, el mal llamado primer poder de la República, en donde se extraña el rigor intelectual y el trabajo arduo por los temas nacionales de excongresistas como Alberto Cañas, Luis Alberto Monge, Daniel Oduber, entre otras figuras que enaltecieron la figura del político desde sus escaños.
Esta falta de calidad salta a otros poderes de la República y falta un Ministro de la Presidencia que sea fluido en el diálogo con el parlamento y portador de ideas del Poder Ejecutivo; figura que se quiere europeizar por muchos y mirar como un Primer Ministro al estilo de los modelos parlamentarios, esto puede darse en la práctica sin la necesidad de una reforma estructural.
En este orden de ideas es necesario apuntar que debe existir una revisión puntual de algunos temas claves para la actualización y mejor funcionamiento de algunos poderes del Estado.
No han sido pocos los que comentan la supuesta necesidad de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, mas aparentemente el momento de que esta se establezca no ha llegado, por ahora es pertinente incrementar el diálogo, la discusión y madurar ideas para cuando sea pertinente actuar con la sapiencia que una democracia como la costarricense se merece.

 

David Oconitrillo Fonseca
Abogado
Candidato a máster en derecho público por la Universidad de Costa Rica
[email protected]