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Gloria a los Héroes de la Batalla de Rivas

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 10 abril, 2013


Más de 12 horas de combate y varios centenares de muertos, para ambas tropas, impone gloriosamente el triunfo del ejército costarricense sobre la horda filibustera


PIZARRÓN

Gloria a los Héroes de la Batalla de Rivas

Mañana celebramos otra fecha gloriosa de la Patria, la Batalla del 11 de abril, que nuestro Ejército Nacional libró en la ciudad de Rivas, Nicaragua. Después de la derrota infligida a los filibusteros en la Batalla de Santa Rosa, el 20 de marzo, las tropas y el pueblo costarricense continuaron su persecución en territorio nacional y la orilla del Río San Juan, con la orden del Presidente Juan Rafael Mora Porras de sacarlos de Nicaragua y fusilar al que se hallare en Costa Rica.
El 29 de marzo el Presidente Mora, desde Sapoá, dirige una Proclama a los pueblos de Nicaragua para que se subleven contra las tropas extranjeras y opresoras en su territorio y se unan a las costarricenses, y ordena tomar los puertos de San Juan del Sur y La Virgen, mientras el resto de la tropa continúa hacia Rivas, donde entra el 8 de abril.
William Walker, enterado en la ciudad de León, se desplaza hacia Rivas, con la intención de sorprender al ejército costarricense, y el 10 de abril planea, con conocimiento de la situación estratégica de la ciudad, los pormenores del enfrentamiento.
El Batallón Santa Rosa, al mando del mayor Escalante, y la Compañía que dirigía el General José María Cañas tuvieron a su cargo los principales combates, por lo demás sangrientos, con enorme saldo de bajas, los cuales obligaron a que Walker abandonara las posiciones estratégicas que tenía y se concentrara en la casona llamada Mesón de Guerra, al costado oeste de la ciudad, la posición más estratégica tomada por los filibusteros, pues tenía salida por los cuatros costados de la manzana.
Después de intentar tomarlo por el norte y el sur, y fracasados los intentos, se pensó en quemar el Mesón.
En el intento de quema participó primero el militar Luis Pacheco Bertora, oriundo de Cartago, quien cayó abatido por los filibusteros. Le siguió el soldado nicaragüense que peleaba con la tropa costarricense, Joaquín Rosales, quien tomó la tea de Pacheco y también cayó en el intento. Luego de estos dos intentos el soldado Juan Santamaría, alajuelense, con inusitado valor y patriotismo, llevó en su mano la tea fulgurante, logrando prender el Mesón. Más de 12 horas de combate y varios centenares de muertos, para ambos ejércitos, impone gloriosamente el triunfo del ejército costarricense sobre la horda filibustera.
Derrotado en Rivas, Walker logra huir, y tras su persecución, se desata la peste del cólera que obliga a la tropa costarricense a regresar a Costa Rica, con el efecto terrible del impacto de esta, que provoca que el 10% de la población nacional fallezca como consecuencia de aquella. Superada esta crisis, se ordena continuar la guerra en la llamada Segunda Campaña, que culmina con la rendición de Walker el 1° de mayo de 1857.
Alrededor de los sucesos de Juan Santamaría se asocia la figura del nicaragüense Emanuel Mongalo, quien enfrenta a los filibusteros, de manera similar, cuando ellos habían llegado a Nicaragua, en la Batalla de Rivas del 29 de junio de 1855, e instalados en la casa de Cubero, contigua a la de un señor Espinoza, Mongalo logra incendiarla obligando a la huida de los filibusteros.
Junto a Mongalo también el granadino Felipe Nery Fajardo participó en la quema de estos alojamientos filibusteros.
¡Gloria eterna a los Héroes de 1856 y 1857!


Vladimir de la Cruz


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