Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 13 Diciembre, 2013

Nelson Mandela es el más reciente representante de esa noble estirpe que son el arquetipo de lo que es el ser humano en su más elevada expresión


Forjadores de la paz

La esperada aunque, no por ello menos triste, desaparición física por razones de edad y dolencias, secuela de sus años de prisión y torturas, del prócer sudafricano Nelson Mandela, ha ocupado todos los medios nacionales e internacionales en estos días previos a la Navidad.
En torno a su venerado féretro y a las solemnes ceremonias de su entierro, se han concitado multitudes, sobre todo de su propio pueblo, y docenas de altos dirigentes políticos provenientes de todos los rincones del planeta.


Esta impresionante y universal manifestación de duelo por la muerte de un líder emblemático, que hasta el año 2008 era considerado por el gobierno norteamericano como un “terrorista” y perseguido como tal por la CIA, muestra que la grandeza de un ser humano no se funda en el poder de compra —incluidas las conciencias— que da el dinero, ni en el terror que infunden las armas, ni en el efecto del marketing mediático.
Lo que hace grandes a los hombres y mujeres es la entereza moral, la trayectoria de una vida signada por la luchar en pro de los más altos valores y el ser consecuente con esa lucha cualesquiera sean las circunstancias y las consecuencias que dicha lealtad a los principios conlleve.
Pero lo más extraordinario y esperanzador es que, ejemplos como el de Mandela, no son únicos. Hombres de su grandeza moral se han convertido en símbolos emblemáticos para regiones y culturas y modelos para la humanidad entera. Por no remontarnos más lejos en el tiempo, la historia universal cuenta desde hace poco más de un siglo con figuras que son consideradas modelos a seguir, símbolos de una región cultural y más allá, por lo que son asumidos como patrimonio el más valioso de la humanidad.
Ellos deben ser vistos como los primeros grandes ciudadanos del mundo, de un mundo sin las fronteras que imponen los prejuicios; prejuicios que borran esos héroes de la libertad universal .
Gracias a ellos hay razones para vivir, vale la pena vivir la aventura humana, vale la pena la humanidad. Ellos hacen que todos y cada uno de nosotros valgamos la pena; ellos dignificaron su vida y la vida de todos y cada uno de nosotros. Ellos constituyen la esperanza y la fe en la humanidad, su mayor y mejor argumento.
Nelson Mandela ha sido el más reciente representante de esa noble estirpe que son el arquetipo de lo que es el ser humano en su más elevada expresión. Pero no está solo. En rápido vistazo, mencionaré a quienes considero los más representativos de las diversas culturas y regiones geográficas del planeta. Tolstoi para los países eslavos, Gandhi para los asiáticos, Martin Luther King para Norteamérica, Monseñor Romero para Latinoamérica y Nelson Mandela para los pueblos subsaharianos.
Sus huellas nos marcan el camino, su ejemplo nos inspira, su vida y su muerte, su agonía y su triunfo son la más alta expresión de lo que debe ser la especie sapiens para que merezca el calificativo de tal. Ellos son los forjadoras de esa paz que anunciaron los Ángeles en Belén. FELIZ NAVIDAD.

Arnoldo Mora