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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



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Fantasía deslucida

| Jueves 05 marzo, 2009



Fantasía deslucida

• Mediocre aventura juvenil carece de tensión, debido a una estructura dramática confusa

Corazón de tinta
(Inkheart)
Dirección: Iain Softley. Reparto: Brendan Fraser, Sienna Guillory, Eliza Bennett, Helen Mirren. Duración: 1:46. Origen: Alemania-Inglaterra-EE.UU. 2008
Calificación: 5

Los ciclos literarios sobre aventuras fantásticas, llegan a la pantalla con frecuencia cada vez mayor. Las compañías Warner Bros y New Line juntaron esfuerzos para producir una espectacular adaptación de “Corazón de tinta”, hito internacional de librerías de la escritora alemana Cornelia Funke.
La trama no es particularmente original, pues mantiene cierto parecido con la novela más célebre de otro autor alemán: “La historia sin fin”, de Michael Ende, filmada con destreza por Wolfgang Petersen en 1984.
En ambos casos, la narración gira alrededor de un concepto intrigante: seres ficticios cobran vida, evidenciando un enlace sutil entre realidad e imaginación. La cinta en cuestión fracasa vistosamente, intentando emular a su predecesora para proporcionar una estimulante diversión familiar. Algo no funciona, en la traducción del texto de Funke al lenguaje fílmico. El resultado es una fantasía blanda, deslucida y sin personalidad.
El realizador británico Iain Softley, responsable de títulos más satisfactorios como “Las alas de la paloma” (1997), se demuestra incapaz de generar emociones y sugerir el sentido de maravilla que el material supone.
El protagonista Mortimer Folchart es un “lengua de brujo”: cuando lee en voz alta, hace materializar objetos y personas. Hace 12 años, cuando ignoraba su don, él leyó un cuento a su pequeña hija, provocando la aparición de algunos tipos malvados y la desaparición de su amada esposa. Ahora, Mortimer y su hija adolescente buscan una copia del libro, con la esperanza de revertir el hechizo.
En todo momento, se percibe la ausencia de verdadera tensión, debido a una estructura dramática bastante confusa. Inicia con un prólogo insustancial, salta adelante en el tiempo, vuelve a arrancar y pretende retomar en distintas ocasiones los eventos sucedidos en ese lapso. Mejor hubiera sido seguir un orden cronológico, evitando enredos y ambigüedades inútiles.
Actuaciones desganadas, impiden cualquier conexión emocional entre público y personajes. Brendan Fraser, siempre idéntico a sí mismo, esta vez muestra un desinterés que roza la apatía. Su falta de vigor es común a todos los miembros del reparto, incluyendo la ganadora del Oscar Helen Mirren (“La reina”, 2006), aquí más sosa que nunca.
Hay unas cuantas escenas entretenidas, sobre todo en la parte conclusiva, llena de acción y efectos digitales; pero en general, “Corazón de tinta” es un filme disperso y farragoso, prisionero de su propia mediocridad.