Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 28 Noviembre, 2014

El papel que toma el estudiante universitario genera disyuntivas y opiniones sumamente divididas, precisamente por ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos


Estudiantes entre las aulas y las calles

El papel del estudiante universitario en la sociedad costarricense y latinoamericana en general nunca ha sido irrelevante. Ya sea por ser objeto de críticas por supuesto exceso de vagancia, o por ser ejemplo de compromiso ciudadano; lo que hacen o no hacen los universitarios siempre ha estado en el ojo público.
¿A qué se debe tanta atención? El primer motivo podría ser obvio, y es que cuando algo no marcha bien en el país, enhorabuena que los universitarios suelen ser de los primeros en levantarse y hacerse escuchar. Y su acciones rara vez pasan desapercibidas.
El segundo puede ser el tipo de formación que muchos recibimos en las aulas universitarias. Aspectos valiosos como ser críticos de la realidad nacional, no ser indiferentes y el involucrarse como deber ciudadano son cosas deseables y bien vistas, la mayor parte del tiempo.
Y el tercero es ese inconsciente colectivo de que el universitario estudia gracias al Estado y a la contribución de todos los costarricenses, por lo que lo que haga y deje de hacer con su tiempo y su carrera es asunto público.
Todo esto suena ideal, y suena a que el universitario es un ejemplo de ciudadano. Por desgracia, la realidad es otra. Todos estos aspectos señalados están en riesgo y retroceso. El universitario no se abstrae de la realidad del país y, hoy más que nunca, nuestra criticidad e involucramiento como universitarios y ciudadanos con la realidad del país se reduce a manos de la indiferencia y el individualismo.
Y es que el papel que toma el estudiante universitario genera disyuntivas y opiniones sumamente divididas, precisamente por ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Para muchos ciudadanos, el deber del estudiante universitario debería limitarse a su estudio, su carrera y en graduarse cuanto antes.
Para otros, es deseable, y más bien un deber y ejemplo, el estudiante que se mantiene al día con la realidad de su país, se involucra, critica e incluso sale a marchar en defensa de lo que cree. En síntesis, un estudiante al que le importa mucho más que solo su carrera.
¿Cuál es la mejor forma de retribuirle a su país por la educación que recibe? Parece ser como que cada día más personas piensan como los primeros. Por suerte aún quedan muchos que piensan como los segundos. Y como sociedad, deberíamos apuntar a caminar en esa dirección: estudiantes y ciudadanos críticos, interesados y que nos importa lo que sucede en nuestro país. De otra forma, nuestra sociedad no avanzará hacia un futuro más próspero.
Cuando como estudiantes y ciudadanos entendamos el poder de transformación social que tenemos en nuestras manos y sepamos que una sociedad más libre, justa e inclusiva se construye entre las personas que la componen y no por los gobernantes únicamente, ese día seremos personas a las que les importa, y nunca más miraremos con indiferencia o apatía lo que ocurre a nuestro alrededor.

Alejandro Madrigal

Estudiante de economía y física
Presidente de la Federación de Estudiantes de la UCR