Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 12 Enero, 2018

Sinceramente

¡Estoy escogiendo candidato, para tener un buen presidente!

Es claro que el puesto de Presidente de Costa Rica es extremadamente complejo. No solamente debe el presidente conocer el funcionamiento del Estado, los mecanismos legales que le otorgan facultades y le limitan en su actuar, sino que debe permanecer en contacto con el pueblo, así como con los líderes opositores, diputados y estructuras partidarias a las que debe convencer de empujar el desarrollo del país en un sentido, en una dirección. La elección no entrega un cheque en blanco al presidente de Costa Rica sino que sitúa a una persona en un puesto de liderazgo para lograr lo deseado en medio de una tremenda maraña legal y política, rodeado de intereses diversos y opositores con sus propias metas.

En consecuencia, deseo escoger para presidente a una persona que tenga experiencia en la función pública, que esté muy claro intelectualmente para fijar metas, objetivos y trayectoria, para que el país pueda moverse para adelante. Me es claro que este candidato debe ser un gran negociador, una persona de impecables relaciones con su entorno y que debe gozar del respeto de los líderes políticos opositores con quienes debe llegar a consensos.



Como el presidente que elijamos no será dueño del país para hacer lo que desee, sino un funcionario sujeto al marco legal y a la división de poderes, es menester que el electo sea persona que comprenda esta realidad. No es ni será su voluntad la que prevalezca sino la voluntad colectiva de todos los que intervienen en el quehacer político.

Así las cosas la personalidad, el carácter, la preparación profesional, la experiencia en el manejo del sector público, en la búsqueda de consensos y acuerdos multipartidarios resulta trascendental para Costa Rica.

Rasgos como firmeza en su integridad y en la percepción honesta de lo que es correcto, derivarán en el trazado de la ruta justa y adecuada de lo posible y mejor para Costa Rica. Muchas instituciones hay que modernizar en el campo de la justicia, de la elección de diputados, del nombramiento de magistrados, de lucha contra la pobreza y en la construcción de infraestructura pero es en consenso y en el trato respetuoso con el entorno y los protagonistas donde se encuentra la llave de las posibilidades y no de la confrontación destructiva.
La justicia y el bien, la honestidad y corrección, la desinteresada intencionalidad y la concordancia entre estos principios y las acciones emprendidas también serán de la mayor trascendencia. Dobles discursos destruyen la confianza y la institucionalidad del país.

No es fácil encontrar este ideal en todos, ni siquiera en pocos candidatos, pero debemos hacer el esfuerzo por una adecuada escogencia. Los que comienzan confrontando, los negativos que desmayados vuelven en no y nunca en sí, los que creen que la solución está en denigrar, nos lanzarían por una senda muy peligrosa e indeseable de confrontación política y social.

Los candidatos creo yo que deben tener la edad adecuada, equilibrio entre experiencia y fortaleza. La tarea no es para personas a las que se les fue su mejor momento en la vida. El país no es una cosa simple por lo que también es deseable que la experiencia, el criterio y la humanidad de la persona hagan amoldarse la situación no solo a lo posible sino a lo socialmente deseable.

Es indispensable elegir a una persona con sensibilidad social. ¿Quién va a pensar en las personas pobres? Quién se va a poner a trabajar por quienes sufren, están enfermos, o quienes vivan en la miseria? ¿Quién va a pensar y actuar en torno a las casas de vivienda popular, la educación pertinente, la asistencia, a manera de puente, para sacar del abismo a quienes en él han vivido?

Un presidente no puede ni debe ser solo aquel que se encargue de la economía, de la empresa, del crecimiento, todo lo cual es importante. El presidente que yo deseo debe ser el protector y gestor, el tribuno que vele y luche por mejorar a todos aquellos a quienes nadie preocupan, por todos aquellos que sufren y sollozan en silencio y desesperación sin amparo.

Carácter, personalidad, intencionalidades, experiencia, preparación profesional, sentido de la justicia y sensibilidad para y por los más aquejados de problemas es el candidato que deseo. Requerimos seriedad, persistencia, amor al prójimo, con ejecutividad y conocimiento en el prócer que nos habrá de rescatar de la crisis que se cierne sobre nuestro país. A ese debemos elegir.

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