Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 4 Junio, 2012


Espero haberte enseñado algo…

Estoy apenas incursionando en el Oficio (sí, con mayúsculas) de ser profesora. Todavía tengo pánico escénico, agonizo cuando un alumno me pregunta algo que en ese momento no sé cómo responder, no he aprendido a poner límites y me toma cuatro veces más preparar la clase que darla. O creer que la doy.
Siempre he tenido mucho respeto por los que se dedican a la enseñanza: desde la maravillosa Anita Catarinella en su extraordinario kínder de Los Yoses, hasta Luis Antonio Bedoya, profesor de latín y literatura en la secundaria de mis hijas, pasando por teacher Sindy que les enseñó a leer a Manu y Vale en la misma institución educativa, el Colegio Canadiense.
Ahora, que estoy aprendiendo a enseñar lo que creo que sé, venero a cada uno de los maestros con los que me he encontrado en mi camino.
Mi papá fue profesor durante toda su vida. Tenía vocación, gran presencia escénica, capacidad histriónica, una voz poderosa, una memoria envidiable y… un talento único para inventar lo que no sabía.
Aunque quizás de los hijos de don Leopoldo yo sea la que más se parezca a él en algunos rasgos de la personalidad y sin lugar a dudas en lo físico, no heredé ninguno de estos talentos indispensables para ejercer la enseñanza. Así que trato de construir mi propio camino.
Estoy convencida que nadie puede creerse profesor solo por haber obtenido un título en lo que sea. El estudio da herramientas que sirven para facilitar el camino de la enseñanza. La vocación es un factor que simplifica esa tarea. Una o varias de las cualidades que tenía mi padre mejoran el resultado sobre los estudiantes. Pero enseñar es un oficio: solo se aprende practicando. Por eso, cuantos más años de experiencia en la enseñanza tenga un maestro, más efectivo será.
Existen profesiones que requieren un estudio exhaustivo de historia, teoría, técnicas, nuevas tendencias. Uno no quiere caer en manos de un doctor que no haya estudiado. Sin embargo la experiencia de la práctica hace mejor al médico, ingeniero, científico, odontólogo. Siempre he preferido a los que tienen más años de ejercer.
Para otros profesionales el oficio es aún más importante, es decir: la práctica es fundamental. Y aquí entran todas las artes; el talento y los años de dedicación cuentan en el cine, el teatro, la música, la danza, las artes plásticas.
No sé si puedo considerar a los políticos profesionales. Artistas, desde luego que no. A pesar de eso, debo aceptar que también ser político es un oficio que requiere vocación, talento y tiempo. ¿Estudios? No, no hace falta. ¿O sí? ¡No! Si así fuera muchos no podrían ejercer.
¿Y para ser madre? ¿Qué se necesita? Difícil. No creo en el instinto maternal. Creo en la responsabilidad. En el sentido común. En el amor. En transmitir la propia experiencia.
Enseñar debería ser lo mismo. Ser responsable, tener sentido común, querer, transmitir experiencia. Decirles a los chicos al final del semestre (y, ojalá, estar convencido de la sentencia): espero haberte enseñado algo…

Claudia Barrionuevo
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