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Algunos días son perfectos. Estamos listos para salir diez minutos antes de la hora. El bulto está limpio, listo, y la lonchera hasta con notita de amor incluída. Y yo, hasta tuve tiempo de peinarme!!! Nos vemos y nos sentimos felices de existir. Esos días son perfectos.

 

…Pero y ¿esos días que no son tan perfectos? Los días que apenas y logramos sobrevivir. Los días en que a la 1:00 a.m. hay que cambiar pañales, pijamas, o sábanas, y a las 3:00 a.m. hay que ayudar a revisar que no hayan monstruos en el cuarto, y a las 5:30 a.m. levantarse para tener un día: -lejos de perfecto-. Pasar todo el día agotados y sentir a medio día que no lo vamos a lograr.

 

Esos días en que cuesta un mundo salir de la casa, en que alistarnos es como una Guerra Fría; esos días en que el desayuno les cae entero en la ropa y hay que cambiarlos de pies a cabeza (de nuevo), tarde de nuevo. Esos días en que el agote no da ni para ir al super y preferimos tener la refri vacía.

 

La peor parte es que nos juzgamos muy duro nosotras mismas…si, perdemos la paciencia. Si, nuestra lista de to-do’s es infinita, pero tenemos que saber que estamos haciendo lo mejor que podemos. Estamos haciéndolo mejor de lo que pensamos.

Mi mejor recordatorio es cuando acuesto a mi hijo, y en alguna de sus oraciones me dice que me ama, o gracias mami. Nuestros hijos nos aman incondicionalmente-así como nosotros los amamos a ellos-. No les importan los detalles por los que nosotros nos preocupamos, ni las llegadas tardías.


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Nuestros hijos piensan que somos súper chefs cuando les hacemos pasta…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper teachers cuando les enseñamos algo…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper papás cuando les alistamos su camita para dormir…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper choferes cuando los llevamos de aquí para allá…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper ayudantes cuando limpiamos desastres…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper analistas financieros cuando les compramos algo…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper masajistas cuando los chineamos…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper doctores cuando los curamos…de nuevo.

Nuestros hijos piensan que somos súper detectives cuando les ayudamos a encontrar algo…de nuevo.

 

Esas pequeñas cosas que hacemos todos los día es la mejor manera de demostrar a nuestra familia e hijos cuanto los amamos. Esos detalles, que usualmente pasan desapercibidos; de los que nadie habla, por los que nadie agradece…son los más importantes. Y al final del día, aunque sintamos que fallamos como mamás (papás) por no tener todo bajo control, por no tener todo perfecto, por no llegar a tiempo; ¡lo más importante y lo único que a nuestros hijos les importa es que LOS AMAMOS!!!

Hoy, no seamos tan duros con nosotros mismos-no esperemos tanto de nosotros-. Seamos felices con lo que somos y con los que tenemos a la par. Seamos lo mejor que podemos ser. Sonriamos y disfrutemos, que la vida es una y ya casi, casi, nuestros niños crecen. Juguemos, riámonos y hagamos recuerdos!

 


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