Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 28 Junio, 2012


De cal y de arena
En las democracias secuestradas….


Las oligarquías no perdonan ni ceden un centímetro de los feudos que conquistan. Una vez que se hacen del poder, acomodan las reglas de juego para garantizarse que no serán desplazadas.
Es lo que la sociología llama la “ley de hierro de las oligarquías”, una constante de nuestros días, de la cual ha resultado víctima el presidente de Paraguay, Fernando Lugo.
Bajo el alero del Partido Colorado los grupos de poder impusieron una larga dictadura y forjaron una de las sociedades más elitistas, desiguales y arbitrarias de América Latina, con concentraciones de riqueza el 63% de la tierra en menos del 10% de la población como en ningún otro país, altos índices de analfabetismo, pobreza y enfermedad.
La caída del longevo dictador Alfredo Stroessner no extirpó las raíces de la arbitrariedad ni del modelo de sociedad. Faltaban unos lustros para que en la incipiente y asténica democracia se forjara la alianza de partidos de la que Lugo fue victorioso candidato.
El obispo católico inexperto político se impuso la construcción de una sociedad distinta a base de armonizar el capital y el trabajo.
La bonanza que trajeron envidiables cosechas agrícolas para sedientos mercados internacionales le facilitó el trabajo. CEPAL acredita un crecimiento del PIB del 9,7% en 2011, un PIB/hab. de $1.437 una esperanza de vida al nacer de 75 años, una sentida disminución de la pobreza al 35% (la extrema a 20%), de la mano de una reforma educativa, todo ligado a transferencias públicas a los sectores más vulnerables.
Fueron cambios en medio de una puja con los oligarcas, agravada cuando atendió a los organismos internacionales que acusaban la estructura tributaria de regresiva y proponían impuestos al capital y a la renta.
Por estas “afrentas” el cura quedó sentenciado: en la “ley de hierro” se proscribe el perdón. Vino la revancha, facilitada por las torpezas políticas, por las irreverencias del obispo y por la existencia del capítulo de la Constitución Política que incorpora la revocatoria del nombramiento del Presidente.
Poco importaron las normas del derecho a la defensa y del debido proceso. A Lugo había que apeárselo y a ello se prestó un Senado de dudosa integridad como acusó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Doña Laura puede estar tranquila. A pesar de la generalizada percepción de que reina pero no gobierna, del desprestigio de su gobierno, de la corrupción asombrosa que le circunda y del gran vacío de poder, no le va a pasar lo que a Lugo.
Aquí no hay condiciones objetivas ni revocatoria del mandato que posibiliten su enclaustramiento en el Alto de Las Palomas. Aunque las finanzas públicas están enfermas, hay buenos índices económicos; la oposición renquea atomizada y se quedaron solas las escasas voces que han propuesto la adopción temporal de una dictadura en democracia so pretexto de recuperar “la gobernabilidad”.
Pero fundamentalmente, porque en Costa Rica la oligarquía controla toda instancia de poder y nada pone en peligro su coto de caza.

Alvaro Madrigal