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Lunes, 10 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


En Costa Rica obsesiona Venezuela

Alejandro Madrigal [email protected] | Viernes 03 junio, 2016


 La inmensa mayoría de países, salvo algunas excepciones tremenda y particularmente estables como el nuestro, vive o ha vivido en el pasado reciente situaciones tan o más graves

En Costa Rica obsesiona Venezuela

¿Será posible contar la cantidad de horas que los diputados de la República han gastado en discutir lo que pasa en la Venezuela de los últimos años? Sin duda sería un número muy grande, que ejemplifica cómo Venezuela se ha convertido en obsesión para muchos ticos, ya sea en los poderes de la República, en los principales medios o en la opinión pública. Y pues, es claro que Venezuela atraviesa y ha atravesado en otros momentos por situaciones de crisis y problemáticas serias. Lo que no resulta lógico es que parece que es al único país al que le prestamos atención, como si fuera el único que atraviesa problemas serios, cuando la inmensa mayoría de países, salvo algunas excepciones tremenda y particularmente estables como el nuestro, vive o ha vivido en el pasado reciente situaciones tanto o más graves. Eso muy poco nos ha importado.
La misma indignación y elevación de voces que se han sentido en la Asamblea Legislativa y en la prensa nacional muestran lo mucho que “importa” Venezuela. Pero al parecer no importan los cientos de activistas, estudiantes y periodistas desaparecidos en México; el nivel de violencia y crimen organizado en Honduras; la invasión a Palestina, el exterminio de su población y la toma de su territorio; la guerra civil en Siria y los miles de personas que huyen buscando refugio en Europa; las masacres en Sudán del Sur y la pobreza y desigualdad generalizada en todo África; los despidos masivos, el desempleo y el ataque a medios en Argentina; la pobreza extrema en Haití; la explotación sexual comercial infantil en Indonesia; el golpe de Estado en Brasil, a una Presidenta democráticamente electa por millones de brasileños; la exclusión de indígenas en Panamá; la violaciones sistemáticas y la crisis climática en India; los crímenes de odio racial, la violencia y el ascenso de un empresario abiertamente racista y xenófobo como candidato presidencial en EE.UU.; los crecientes partidos de extrema derecha nacionalistas en Europa; los procedimientos para "curar" a personas LGBTI en China; el terrible impacto ambiental que han tenido en el planeta China y EE.UU.; la cada vez más desigual y excluyente sociedad en la que vivimos, donde evadir impuestos, lavar dinero y traficar son cuestiones cotidianas. Nada más que ocurra en el mundo ni en el país. Acá solo importa Venezuela y por lo demás se guarda silencio o se ignora.
Y no es como que en Costa Rica no haya mucho por qué preocuparse. Tenemos retos enormes en frente que la misma Asamblea Legislativa, por sus mecanismos que la hacen tan inoperante, no ha querido o podido asumir. Modernizar y reformar por completo la estructura tributaria del país; establecer de una vez por todas las listas de accionistas de cada empresa para evitar la evasión y el fraude; agilizar los mecanismos para construcción de obra pública por parte del Estado y la concesión; regular y reformar tantos temas de derechos humanos, como parejas del mismo sexo, personas trans, derechos sexuales y reproductivos de las mujeres (¡porque ellas sí son dueñas de su cuerpo!); tratar con seriedad el tema de Panama Papers, sin nombrar diputados que sean juez y parte en el proceso; u ordenar con justicia y lógica el tema del empleo público, son algunos ejemplos. Pero para ello se requiere que una pequeña minoría opositora sin argumentos no tenga el poder de detener todo avance sin asumir ningún costo. Para ello se necesita una Asamblea Legislativa completamente nueva. Una que deje su obsesión por Venezuela.

Alejandro Madrigal