Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 21 Abril, 2009


En la Cumbre



Esto de las cumbres debe ser muy vacilón. Reunirse con colegas, algunos que ha visto uno por años, hacer un discurso sobre lo que se le venga en gana y por el tiempo que considere necesario, escuchar a otros decir una que otra cosa inteligente y una que otra sandez, dormir en un buen hotel, comer bien, tomar ricos vinos, todo sin pagar un centavo.
Lo importante es salir en la foto, porque de lo contrario como dicen acá, te mata la crítica por no asistir. Hay que comprometerse a una declaración de buenas intenciones que, en caso de la Quinta Cumbre de las Américas, es tan vaga como “Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y un ambiente sostenible”. Bravo.
Las expectativas respecto de esta reunión evadieron la experiencia y la realidad por un único factor: Mr Obama. La presencia del líder, que dicen recibió hasta solicitudes de autógrafos de parte de sus cofrades, iluminaría necesariamente el camino en medio de esta crisis tan llena de nubes y de una relación oscura que al sur del Río Grande habíamos mantenido con su antecesor. Bueno, no todos, porque por estos lados somos absolutamente complacientes con Dios y con el diablo cuando de Estados Unidos se trata.
Señalan a Cuba como punto de partida. Lleva razón Obama en reconocer que la política de 50 años de su país, hoy corregida en parte, respecto de la isla ha sido un fracaso. Ni acabó con la dictadura, ni terminó con Castro, ni conllevó avance alguno. Por eso, el giro del que somos parte, no solo es sensato sino urgente. Y no porque Fidel esté en lecho de muerte, situación que ha provocado el peregrinaje de un montón de figurones, sino porque hay razones financieras que implican a Cuba con quienes le habíamos olvidado. Esto, más allá de cualquier otra ingenuidad, es una razón de peso respecto de un mercado muy atractivo y que —desde el exilio hospitalario del barbudo— está en juego.
Pero también la hipocresía estadounidense que se sienta con el líder de Pekín pero no con el de La Habana, debe llamar a cuentas a quienes se sientan satisfechos por las muestras de reciente cariño y reconciliación. Más dirigidas en cualquier caso, a sus ciudadanos que tienen vínculos con la isla y no con esta, tan necesitada de algo más que gestos.
Dan crédito a las afirmaciones del carismático nuevo líder este domingo, de que la Cumbre probó ser “muy productiva” evidenciando que el progreso hemisférico es posible si los países dejan atrás los “debates insulsos y las viejas ideologías”, según reporta CNN. Bien por él, pero… ¿en qué consiste la productividad si no hay muestras, más allá de la adulación; de un cambio significativo de actitud en ambos sentidos: Entre Estados Unidos y Latinoamérica y viceversa?
No comparto con el presidente Arias que la reunión del G20 haya logrado concretar cosas muy importantes, según dicen que dijo. Esa fue, igualmente, otra reunión de protocolo en la que lo significativo fue evitado para dar paso a las señales de humo en circunstancias económicamente críticas a nivel global.
Por ahí, quizás, se asome una luz de esperanza de una nueva y buena relación con el gigante del Norte como vaticina Lula. Creo que, en medio de tanta retórica y al menos, hemos visto buenas intenciones de todos los involucrados.