Arnoldo Mora

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Viernes 27 Febrero, 2009

En defensa de las libertades públicas

Arnoldo Mora

Un nuevo y escandaloso atropello al Estado de derecho en que se sustenta la democracia concebida como ejercicio de las libertades públicas, una de las cuales es la libertad de pensamiento y el derecho a expresarlo abiertamente, se acaba de perpetrar por parte de la DIS, pero que fue prontamente enmendado por el Tribunal Supremo de Elecciones. Me refiero al caso del periodista de origen brasileño Gilberto Lopes, que ha trascendido dichosamente a la prensa nacional provocando con toda razón un repudio generalizado en la opinión pública. Gilberto es un conocido y respetado analista político del Semanario UNIVERSIDAD y ejerce como periodista en agencias de noticias internacionales. Su posición crítica frente a algunas decisiones políticas del régimen de los Arias, ha hecho que esa infame institución, la DIS, actualmente bajo las órdenes del menor de los hermanos gobernantes, le haya levantado un expediente y haya tratado de obstaculizar su proceso de nacionalización.
Detrás de esta patraña se oculta la mal disimulada actitud del régimen actual de no tolerar o de impedir por todos los medios, que haya una oposición auténticamente democrática, a contrapelo de lo que ha sido la mejor tradición del pueblo costarricense. Por desgracia, no se trata del primero ni único caso de esta naturaleza, razón por la cual considero que los costarricenses debemos permanecer más alerta que nunca. Mencionaré algunos casos.
A inicios de ese régimen le fue cerrado al distinguido intelectual y analista político Alvaro Montero Mejía su espacio de diálogo democrático en el Canal 13, canal del Estado y, por ende, financiado con los impuestos de todos los costarricenses y que, por ello mismo, no es propiedad privada de los Arias, por lo que no pueden legalmente impedir que en ese medio se expresen todas las opiniones, ideas y corrientes de pensamiento dentro del marco que señala la Constitución. Igualmente han sido reiteradas las desabridas reacciones de los hermanos Arias contra la directora de Telenoticias, como si cuestionarlos sobre su función pública fuera un delito.
Como se ve, no son pocas las voces críticas que han sido objeto de la represión velada o abierta de este régimen que, en mi opinión, se ha caracterizado desde sus orígenes por cercenar una de las más caras conquistas del pueblo costarricense como es el Estado de derecho, en su condición de garante de un sistema de respeto a las libertades públicas. Detrás de esta matráfula de la DIS en contra de Gilberto, se esconde la voluntad despótica de quienes pasarán a la historia por haber acuñado y haberse empeñado en hacer realidad una execrable expresión, por la que Oscar ha calificado a su propio gobierno al definirlo como una “dictadura en democracia”. Tal caracterización en la práctica se convierte en una dictadura sin democracia, como los casos que he mencionado lo muestran.
Sea, en conclusión, la oportunidad para expresar mi solidaridad, no solo con las personas mencionadas, sino también con todos los medios de comunicación sin distingos de ninguna especie, que quieren mantener una línea de pensamiento libre y realmente democrática.