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¿Emprendedores por obligación?

Las crisis económicas abren nuevas puertas hacia el emprendedurismo, no siempre por el camino de la vocación, pero ayudan a tomar conciencia de su importancia

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No siempre el comienzo de una empresa o actividad económica autónoma se debe a la vocación de su creador. Las situaciones de crisis económica hacen que, ante la inexistencia de alternativa en el mundo laboral, el emprendedurismo se convierta de forma silenciosa en la opción por la que muchos jóvenes y no tan jóvenes optan para salir de una situación profesional complicada.
Una de las curiosidades que de este fenómeno se pueden observar, es que la iniciativa emprendedora además de no ser vocacional, no es percibida por quienes la ejercen. Se emprende a la fuerza y sin ser consciente del propio hecho de emprender.
Por una parte, en situaciones de crisis el miedo a contratar trabajadores y asumir costos sociales elevados, provoca que multitud de relaciones con un fundamento laboral se planteen a través de la figura del profesional externo. Con ello la empresa flexibiliza su estructura de costos pudiéndose adaptar con mucha más facilidad a lo que la actividad en cada momento demande. El resultado obtenido es que muchos profesionales van a asumir roles similares a los que voluntariamente asumen los empresarios.
Los ingresos no están asegurados, el trabajo no está asegurado y, posiblemente, si el esfuerzo es mayor, el talento aportado crece y se rinde más se cobrará/ganará más. Este paso saca de la zona de confort a muchos profesionales y pone de manifiesto su capacidad para sobreponerse a los cambios, además de ayudarle a crear su propio futuro, porque muchas veces esa condición de independiente ya no se quiere abandonar nunca.
Suena repetitivo el mensaje que escuchamos institucionalmente acerca de la importancia de incentivar las vocaciones empresariales, el discurso sobre el divorcio de la universidad, etc. Se crean innumerables iniciativas como incubadoras de empresas, fundaciones para promover el emprendedurismo y otros organismos con el objetivo de fomentar el espíritu emprendedor y el amor por la empresa. Desafortunadamente, recursos en muchos casos estériles al no contar con verdaderas vocaciones a las que la sociedad estimule más allá de ayudas oficiales y consultorías.
No obstante, las crisis ayudan a difundir la idea de que la vocación de ser empresario es una opción a la que se accede por la puerta de la libertad y que no conoce el antídoto contra el fracaso. Que no admite a vagos, a pesimistas, a los poco avezados y solo a alguno que otro soberbio y, que si alguno de estos triunfa o se sitúa como ejemplo, es más por la perversión de un sistema social al que todos pertenecemos, que fruto de un estado o condición inherente al oficio de empresario.
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Se puede acceder al grado de empresario, de profesional liberal, de profesional independiente, de consultor casi por obligación, pero en el espíritu emprendedor estará la clave para que nuestra sociedad cambie su disposición hacia esa forma de vida. Todos somos responsables de apoyar o restringir la capacidad para emprender de nuestros semejantes.

Alejandro Ulloa
Socio-director Cross&Grow
[email protected]

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