Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 29 Agosto, 2017

Reflexiones

Emergencia en emergencias

A lo largo de mi vida he conocido muchas personas, grandes seres humanos cuya profesión y vida se han entregado por la medicina. Hombres y mujeres que han dado, alma, vida y corazón, sin ninguna restricción, muchas veces pasando noches y días completos sin desmayar y apoyando causas y situaciones que de verdad los hacen ser héroes, muchas veces en el más completo anonimato. Por eso, cuando escribo esta columna, quisiera dejar sentado que no me refiero en lo absoluto a todos esos héroes, hombres y mujeres, de blanco, que por años he conocido. Empero, las situaciones que se viven día con día en los servicios de emergencias de casi todos los hospitales del país y particularmente, los hechos recientes en el hospital más moderno y caro de Costa Rica, el Hospital de Heredia, deben hacernos pensar, ¿qué sucede en emergencias?

Las filas en emergencias dan cuenta, dicen algunos, de un inadecuado uso del servicio. Casi cualquier gripe o dolor mal entendido nos lleva al hospital, dicen entonces quienes asumen que el descalabro y saturación de los servicios de emergencia se atribuye, no a los médicos y enfermeras del servicio, sino al usuario que se abusa del mismo. Cerca del 50% de los pacientes que llegan a emergencias no tienen una emergencia. Pareciera entonces que es necesario impartir más educación al usuario y que quizás una central de servicio atendida por médicos, que puedan darle al paciente una valoración rápida por teléfono, podría reducir sustancialmente el uso de los servicios de emergencias. Cuando ya el usuario ha hecho el esfuerzo de acudir al servicio de emergencias, la opción es quedarse y saturarlo, aunque le hayan puesto condición verde, que significa que su consulta no es realmente una emergencia.

Sería fácil asumir que el problema es solamente ese, dejándole al paciente la responsabilidad del despelote y de la alcahuetería que se tiene en los hospitales. Pero no, la emergencia en emergencias también se refiere a ausencias, salidas innecesarias y entradas tarde del personal, negligencia, malas prácticas, falta de protocolos, trato desigual y deshumanizado, falta de compromiso ético con la profesión. Médicos y enfermeras que se recriminan entre sí, falta de orden, tiempos de espera que superan todo sentido común. Los servicios de emergencias son lugar de todo tipo de irrespeto a los derechos humanos de los pacientes, usuarios y ciudadanos que son quienes pagan con su trabajo, si el salario de los funcionarios públicos (médicos, enfermeras y auxiliares administrativos) ahí presentes. Sí, funcionarios públicos que han perdido su misión y su compromiso ético y ciudadano, a eso también se deben el desorden, la desinformación y el despelote al que hemos llegado en emergencias.

El que pierde al final es el más débil, algunos que tienen dinero asumen aquello como un hecho aislado de poco interés, al fin y al cabo es mejor pagar la consulta privada y utilizar el hospital público con la palanca de un médico, que claro, recibiendo el pago privado me trata vip para ingresar por la puerta grande a los servicios hospitalarios públicos. Así las cosas, quien paga al músico, pone la tonada. El hospital es entonces una especie de hotel donde se ingresa y se atiende primero a quienes son mis clientes en lo privado y claro, lo que sobra se reparte entre los demás. Una segunda fila la llenan familiares y amigos de doctores y enfermeras, todos aquellos que conocen el sistema y que tienen, por compadrazgo y amistad, los servicios a su entera disposición. Finalmente está la gente de a pie, los pobres o quienes no pueden pagar en el consultorio privado, los que pasan madrugadas o hacen fila, los que pierden la vida de sus seres queridos a la espera de que un médico les tienda su mano, los que deben llorar a sus familiares y amigos, solamente por la falta humanidad, la falta ética y la falta honradez. Esos son un número de expediente más para el sistema, son los que no tienen voz, los que por alguna razón han perdido la esperanza.

La emergencia en emergencias es entonces, producto de una mala gestión, de falta de educación y valores, de desorganización del servicio, pero también, es producto de la corrupción, los biombos, el compadrazgo, la falta de ética médica y de humanidad en el servicio. Cuando todos juntos estos factores se mezclan y no existe transparencia y orden, que no nos extrañe que un paciente agreda a su médico o que un estudiante agreda a su profesor. No lo justifico, ni lo quiero, pero para empezar a cambiar, debemos resolver mucho más allá; ¿cómo estamos formando a nuestros médicos y enfermeras?, ¿Cuáles son los valores y los principios que le estamos inculcando en ellos? Si no educamos para servir, seguramente no servimos para educar.