Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 18 Marzo, 2013

No esperen del papa Francisco lo inesperable: la Iglesia seguirá siendo la Iglesia de Jesucristo. No es ni será la decisión y el confort de las mayorías


Disyuntivas

El Papado

La elección del papa Francisco ha causado gran impresión no solo a los católicos que confiamos en la Providencia Divina, sino también ha sido su nombramiento acogido con generalizado beneplácito entre cristianos no católicos, fieles de otras religiones e incluso no creyentes.
En un mundo que impresiona por el crecimiento de la indiferencia religiosa y el relativismo moral y filosófico, es sorprendente la influencia del papa y la atención que se le brinda.
Me atrevo a señalar que no es el papa, cada papa, sino el Papado como institución la que atrae la atención que el Papa Francisco ha captado para sí, de forma inmediata y singularmente positiva.
El papa Francisco será el sétimo Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia bajo cuya conducción he tenido la dicha de vivir en la Iglesia. ¡Todos con características tan diferentes!
Juan Pablo II conquistó el afecto de los pueblos y colaboró a la liberación de Europa Oriental. Benedicto XVI despertó la admiración por su teología e iluminó la conciencia de los fieles.
Juan Pablo II como papa escogió quedarse prendido a la cruz del martirio para darnos ejemplo de entrega a Dios. Benedicto XVI entendió que como gobernante de la Iglesia debía aceptar la debilidad de su ancianidad, y ceder las riendas de la Iglesia a quien tuviera la energía para la mejor gobernanza, y así no solo enfrentar los problemas actuales, sino también dar ejemplo a sus sucesores.
Con esta elección Dios nos regala otra robusta y definida personalidad. El Cardenal Bergoglio: hombre de formación teológica de excelencia en el espíritu de San Ignacio de Loyola, que ha vivido una vida simple y austera, que se encomienda a San Francisco —el pobrecillo de Asís— enviado a Roma a rescatar la iglesia para los pobres y al misionero San Francisco Javier que lleva a Asia Oriental y a Japón el cristianismo y muere rumbo a China.
El padre Bergoglio aficionado al Club San Lorenzo de Almagro, el Arzobispo de Buenos Aires que se traslada con frecuencia a sus labores en bus o subterráneo, que se preocupa por los pobres y que no tiembla para defender las verdades de la doctrina y la moral católicas.
Inicia su ejercicio papal exhibiendo buen sentido del humor, pidiendo nuestra bendición y oraciones, viajando en bus con los cardenales a pedir la intercesión de Nuestra Señora la Madre de Dios. Lo inicia así con muestras muy significativas de naturalidad, sencillez y de trabajo colegiado. Pero lo inicia también pidiendo fidelidad y amor a Jesús.
Es el primer papa que no es de Europa ni de áreas mediterráneas hoy que la feligresía mayoritariamente no reside en esas zonas. Es el primer papa americano hoy que este continente contiene la mayor proporción de católicos. Es el primer papa jesuita, y es un papa de orden religiosa hoy que se requiere revivir la vida consagrada de los consejos evangélicos.
Su edad sugiere que no será muy largo su pontificado pero sus primeros pasos indican que no le faltarán ni la energía, ni la creatividad sin complicaciones, ni el coraje para enfrentar los problemas de la Curia Romana y de la Iglesia en el mundo.
Pero no esperen del papa Francisco lo inesperable: la Iglesia seguirá siendo la Iglesia de Jesucristo. No es ni será la decisión y el confort de las mayorías. En su primer día como papa nos indica que aunque sea duro no temerá construir y confesar. Ha indicado que “…sin Cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos…”

Miguel Ángel Rodríguez