Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 26 Septiembre, 2014

Cómo llegó Óscar Arnulfo Romero hasta esa entrega total a una causa tan radical, tiene varias explicaciones


El martirio del pastor

La obra de Samuel Rovinski, El martirio del Pastor, ha sido llevada a las tablas por la Compañía Nacional de Teatro. Samuel ha dedicado esta impactante obra a honrar la gesta heroica de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien fuera Arzobispo de El Salvador, asesinado por francotiradores de la extrema derecha de su país mientras celebraba misa en una capilla de monjas cerca de la capital, un 24 de marzo de 1980.
La pieza de Rovinski es un drama histórico, los personajes encarnan a personas reales, que actúan en circunstancias que asumieron mediante un acto libérrimo que los divide inexorablemente, al hacer a unos héroes y paradigmas del bien y a otros como sus abominables victimarios. Pero los héroes son tales porque no responden al odio con el odio sino con lealtad y solidaridad con las víctimas y con entereza frente a sus detractores.


Unos y otros hacen la historia, pero esta los marca para siempre. El presente se les convierte en drama porque lo asumen libremente, pero el pasado, al transformarse en página de la historia, trasmuta su existencia individual en memoria y destino de los pueblos.
De ahí que la función del arte sea la de convertirse en memoria comprometedora, en enseñanza y motivo de reflexión para las nuevas generaciones.
Los actos se dieron en el pasado, pero la lección y sus valores constituyen un mensaje que perdurará mientras haya hombres y mujeres dignos de ser considerados “humanos”.
Estas ideas inspiran los cánones estéticos del realismo socio-político y convierten, en la admirable pieza de Rovinski, la corta e impresionante trayectoria de Mons. Romero, en un drama histórico impactante.
La obra insiste en hacernos ver la realidad exterior desde la intimidad espiritual del personaje central, enfatiza en la conversión de ese clérigo tradicionalista pero auténtico que lo lleva, precisamente en razón de su integridad moral y profunda espiritualidad, a comprometerse con los pobres y oprimidos de su pueblo.
Cómo llegó Óscar Arnulfo Romero hasta esa entrega total a una causa tan radical, tiene varias explicaciones. La más lejana es la organización de las comunidades de base o Iglesia Popular en tiempos de sus predecesor.
La causa inmediata con que se inicia la obra, fue el asesinato del jesuita Rutilio Grande, confesor de Romero dedicado a la pastoral campesina. A partir de ese momento el compromiso de Romero con la causa en pro de la justicia social y la liberación de su pueblo, se convierte en la razón de ser de su misión pastoral.
Asume la misión de hacerse la voz de los que no la tienen, mientras sus más cercanos colaboradores son asesinados (diez sacerdotes y más de un centenar de laicos animadores de las comunidades de base), sus homilías hacen de las misas verdaderos actos de masa de resistencia abierta pero siempre pacífica a la tiranía.
El choque con los poderes establecidos es frontal y lo conduce hasta la muerte, perpetrada por la oligarquía y ejecutada por los militares, con el apoyo activo de la iglesia jerárquica (obispos y nuncio) y de la embajada americana.
Conmovido por esta impactante trayectoria, Samuel Rovinski crea esta obra para honrar la memoria del Arzobispo mártir. Pero también la actual puesta en escena constituye un homenaje a Samuel Rovinski. Luis Fernando Gómez dirige la obra con mano maestra, inspirada en la estética de Bertolt Brecht. La escenografía es sencilla pero de una gran belleza plástica. Una puesta en escena que nadie debe perderse.

Arnoldo Mora

Expresidente Comité de Solidaridad con el Pueblo Salvadoreño