Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 19 Agosto, 2016

¡Qué peligrosos los linchamientos! ¡Qué destructivos de la institucionalidad han sido estos! Fiscal que no coincida conmigo… es corrupto y vendido. Juez que no sentencie igual al periódico que ha levantado polvo… ¡ese juez está vendido al acusado…! Han tratado de abolir el derecho humano de la presunción de inocencia. Pero todo en la vida se devuelve

Sinceramente

¡El futuro deseable!

¿Qué está necesitando Costa Rica para normalizar su vida política e institucional? ¿Qué nos hace falta en este bendito país para que las cosas sucedan? ¿Qué decisiones debemos tomar los electores ante la problemática que nos ha tocado vivir? Comencemos por participación, honestidad, seriedad, metas nacionales y rápida ejecución de decisiones.
Este país requiere elegir personas capaces y nunca inútiles. Los inútiles por ignorantes o por inexpertos le hacen al país un daño inestimable. Los inútiles no construyen, los inútiles carecen de las habilidades para concretar, los inútiles carecen de un marco conceptual capaz de direccionar al país y fortalecer la institucionalidad. Los inútiles si además tienen una ideología estatista, contra el mercado y la libre empresa, anti-libre comercio y libertad de prensa hunden al país en la inmovilidad, en la contradicción, en el estancamiento económico. Necesitamos a los mejores.


Para que Costa Rica arranque de nuevo requerimos personas honestas, con experiencia y criterio, individuos con preparación y destrezas en el manejo público en las instituciones de gobierno. Un gobierno no puede ni debe ser un campo experimental sino el campo de ejecución experta de las soluciones a los grandes problemas y carencias nacionales.
Apuntemos hacia la excelencia. El país requiere además detener el clima de linchamiento y de acusación permanente sin prueba alguna, de los adversarios en las lides de la política. Este clima espantó a los mejores de participar en la administración pública.
Se han creído los costarricenses la campaña de que todos son corruptos y son culpables no importa que no haya pruebas ni hayan sido imputados aquellos a quienes se señala.
Algunos costarricenses se han sentido fiscales mejores que los profesionales, se han creído mejores jueces que los del Poder Judicial. Muchos querrían que los tribunales fueran simples mecanismos de confirmación de los linchamientos mediáticos que algunos generaron para ganar dinero. Regresemos a la justicia.
¡Qué peligrosos los linchamientos! ¡Qué destructivos de la institucionalidad han sido estos! Fiscal que no coincida conmigo… es corrupto y vendido. Juez que no sentencie igual al periódico que ha levantado polvo… ¡ese juez está vendido al acusado…! Han tratado de abolir el derecho humano de la presunción de inocencia. Pero todo en la vida se devuelve.
Requerimos madurar nuestro juicio para llegar a elegir personas decentes, bienintencionadas y capaces que puedan gobernar. Claro está, es menester cambiar las leyes que nos han llevado a la ingobernabilidad.
¡El reglamento legislativo que promueve que no se resuelva y las mayorías no decidan, ese reglamento está de primero en la lista! ¡La Contraloría General de la República que siendo un brazo de la Asamblea Legislativa se mete a administrar junto al Poder Ejecutivo! Esa ley es la segunda.
Es cuestión de fortalecer la Contraloría en sus funciones de contraloría y no de administradora. Hay que revisar integralmente la Ley General de la Administración Pública. La Sala IV y sus funciones propias de un senado deben corregirse. Muchas instituciones del país que son frenos y no motores deben sufrir actualización.
No queda mucho tiempo. Mañana podría ser tarde.