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El fiscal general hizo mucho. ¿Quizás demasiado?

Lo bueno de la salida de Francisco Dall'Anese es que, por un lado, hubo demasiado de él.
Lo malo es que, por otra parte, no hubo suficiente.
Dall'Anese, quien asumió el puesto en 2003, probablemente fue el más dinámico fiscal general en la historia de Costa Rica.
En un país en el que casi ninguna autoridad pública puede dar un paso adelante, sin ser arrastrado por una docena de otras autoridades con el derecho a menudo espurio para interferir, Dall'Anese surgió por encima de los interminables debates internos, con un mensaje claro e inconfundible.
No existe inmunidad para la corrupción, dijo, si alguien le roba al público, será castigado, no importa quien sea.
En sus casi siete años de ocupar el cargo, Dall'Anese derribó algunas de las figuras más poderosas del país.
Rafael Angel Calderón no solo fue ex presidente, sino la encarnación de una dinastía política que había influido en los máximos asuntos del país durante más de medio siglo.
Cuando Dall'Anese ordenó la detención de Miguel Angel Rodríguez, este no solo era ex presidente, fungía además como Secretario General de la Organización de Estados Americanos, elegido por los líderes nacionales en todo el hemisferio para ayudar a resolver los principales problemas de nuestro tiempo.
Los demás logros de Dall'Anese quizás fueron menos visibles, pero no menos importantes.
Fue una figura fundamental en la elaboración y obtención de la aprobación de leyes encaminadas a combatir la delincuencia organizada, y en la formación y movilización de las autoridades policiales y judiciales, que impondría el nuevo programa.
Ante la cara de frustración generalizada del público por la oleada de asaltos, no solo en las calles de San José, sino incluso en los hogares, Dall'Anese fue un oficial clave en conseguir la aprobación de reglas, que hicieron más fácil para los jueces poner a los delincuentes tras las rejas.
Licenciado en derecho de la Universidad de Costa Rica, Dall'Anese con su ambición y carácter decisivo, se ha hecho más conocido aun que su abuelo materno, destacado magistrado de la Corte Suprema.
Pero el compromiso de Dall'Anese de ganar todas las guerras que decidió librar, sin importar cuál fuera el costo, puede haber diluido el mensaje de que la corrupción no es rentable.
Obtuvo la condena de Calderón, en un juicio por fraude relacionado con varios cientos de miles de dólares.
Mientras tanto, a la persona que hizo millones de dólares mediante el mismo delito se le permitió quedarse con el dinero, a cambio de testificar contra el ex presidente, y estar en la cárcel tan solo unos pocos meses
También era difícil saber a veces qué era más importante para Dall'Anese, si luchar a nombre de la gente común en contra de una elite corrupta, o escuchar los aplausos de la multitud.
En el caso contra Miguel Angel Rodríguez, aparte de convertir al fiscal en una celebridad, no hubo mucha justificación para un arresto de circo, ni para el encarcelamiento sin juicio de alguien que había regresado voluntariamente a Costa Rica, y que puesto que ya no tenía ningún cargo público no podía hacer nada corrupto.
Del mismo modo, Dall'Anese se indignó fuerte y públicamente, cuando en abril de 2008, en un aterrizaje en Miami, las autoridades estadounidenses lo detuvieron brevemente, algo que le pasa a la gente común cada día.
Al final, el estilo y el poder de Dall'Anese pudieron haber sido demasiado para un país que desconfía de grandes egos.
Pero a menos que aparezca otro fiscal, suficientemente audaz y duro como para liderar una cruzada eficaz contra la corrupción, muchos costarricenses en el futuro quizás digan: “Lástima que no hizo más.”

Fred Blaser
Co Presidente
República Media Group
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