Nuria Marín

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Lunes 7 Febrero, 2011


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El dominó árabe

En el curso de la historia es difícil dimensionar los efectos que un hecho o una serie de acontecimientos puedan concatenados entre sí ocasionar. Tan solo recordemos los hechos del 9 de noviembre de 1989 que llevaron en pocos meses a la caída de los gobiernos de los países de Europa del Este.
No se trata de hacer analogías simplistas con la “Revolución del Jazmín” como se ha llamado este proceso, ni adelantarse a los acontecimientos. Sin embargo, es claro que los aires de cambio han llegado al mundo árabe en un punto de inflexión cuyas verdaderas consecuencias están todavía por suceder.
La caída del régimen tunecino pocas semanas atrás ha provocado una bocanada de esperanza para pueblos que han vivido años de opresión, corrupción, nepotismo, hambre y fragrantes desigualdades. El enojo se ha convertido en un poderoso clamor popular.
El pueblo egipcio ha tomado un fuerte protagonismo en el cambio, lo cual tiene profundas consecuencias por su peso geoestratégico mucho más allá del mundo árabe. Además de contar con la mayor población árabe (80 millones), es sede del Canal de Suez ruta del 8% del comercio mundial y la conexión entre el Mar Rojo y el Mediterráneo. Es también el más importante aliado de Estados Unidos en la región, además tiene un tratado de paz con Israel.
Los días de Hosni Múbarak, quien ha permanecido en el poder por más de 30 años, se encuentran contados. No ha bastado su anuncio de no presentarse a las elecciones de setiembre, y bajo el liderazgo de su antiguo aliado Estados Unidos se busca el inicio de una inmediata transición.
Anticipándose y con el ánimo de no correr con la misma suerte que su vecino, el presidente de Yemen Ali Abdullah Saleh, luego de 32 años en el poder ha anunciado no se presentará a las elecciones programadas para 2013 y el Rey de Jordania Abdullah ha cambiado su gabinete. La efervescencia sin embargo persiste e incluso recrudece en la región contagiando a otras naciones entre ellas Argelia y Sudán.
Los verdaderos alcances de la Revolución del Jazmín son inciertos, esperanzadores pero también plantean importantes preocupaciones. Con la inminente salida de Múbarak la pregunta es cuál es el giro que tomarán este país y la región. ¿Será el inicio de una ola democrática al estilo de Turquía o más bien un giro a formas de gobierno más fundamentalistas al estilo de Irán?
En tanto lo sucedido en Túnez y Egipto, deja grandes lecciones. Que sirva como un ejemplo y mensaje para el resto de las naciones, un pueblo con hambre, oprimido y sin esperanza es un pueblo que clamará tarde o temprano por justicia.
Igualmente vale recordar, que el sistema democrático a pesar de sus imperfecciones, sigue siendo para los pueblos la mejor forma de gobierno para garantizarles a sus ciudadanos el ejercicio y goce de sus derechos y la mejor vía para satisfacer sus aspiraciones de prosperidad.

Nuria Marín