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Viernes, 10 de abril de 2020



FORO DE LECTORES


El valor y la deuda histórica del reconocimiento

Silvia Hernández [email protected] | Lunes 09 marzo, 2020

Silvia Hernández

Cuando conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, tenemos la oportunidad de repasar los principales retos que enfrentamos las mujeres para involucrarnos plenamente en nuestra sociedad, para que se nos garanticen el cumplimiento de derechos humanos, en una relación de igualdad con el hombre.

A 25 años de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing que en 1995 estructuró una hoja de ruta ambiciosa por el empoderamiento de las mujeres y las niñas en cada país del mundo, los avances han sido lentos en la consecución de todos los derechos para todas las mujeres. Todavía persisten significativas desigualdades en las dimensiones del desarrollo.

A hoy, no hay ningún país que pueda afirmar haber alcanzado la igualdad de género. Aún prevalecen formas de violencia de muy diversa índole en los entornos familiares y públicos, donde además las mujeres tienden a trabajar más y ganar menos, acompañadas de las jornadas de cuido asociadas al género que dificultan las oportunidades de desarrollo personal. Sólo en Costa Rica, para ejemplificar, el desempleo golpea más fuerte a las mujeres: la tasa de desempleo femenina cerró el 2019 en un 16,7% mientras la masculina se mantuvo en 9,6%.

Hace un año y para esta misma fecha, invité a retar la narrativa de la igualdad de género para situar el empoderamiento económico de las mujeres en el centro de las discusiones puramente económicas. Hoy quisiera reiterar la necesidad de pasar del discurso a la práctica en el otorgamiento de títulos honorarios a las mujeres que han ejercido importantes espacios de representación popular en la historia de nuestro país.

El valor de reconocer. Los retos políticos que enfrentamos las mujeres al ejercer un puesto de elección popular, al proponernos como candidatas, al dar pasos hacia delante en nuestras carreras políticas en cada partido nacional, provincial o cantonal, son variados y complejos de abordar, porque exigen una aceptación plena por parte de la sociedad, donde las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a participar plenamente en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos y el destruir obstáculos que históricamente las han limitado.

El reconocimiento de los múltiples logros de nuestras antecesoras en puestos de elección popular, nos permite visibilizar para generaciones presentes y futuras el liderazgo tan fundamental que asumieron las mujeres políticas para erigir la Costa Rica de hoy, así como hacer justicia con sus memorias, que la historia tristemente ha omitido por quienes la escriben. Asimismo, nos permite dar el ejemplo a niñas que en cada rincón del país ambicionan un espacio en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos de su comunidad, su cantón o su país.

La entrega de un benemeritazgo, el máximo título honorífico en nuestro país que es otorgado por la Asamblea Legislativa, al día de hoy sólo ha sido entregado a 4 mujeres, frente a 112 benemeritazgos entregados a hombres o instituciones. Sólo en el último año, se entregaron tres nuevos benemeritazgos a tres instituciones públicas, pese a contar en la lista con importantes candidatas al puesto.

Esta Asamblea Legislativa, la más paritaria de la historia, conformada por 26 mujeres diputadas, es decir, el 45% del pleno de las curules, no ha reconocido a ninguna mujer como Benemérita de la Patria pese a las propuestas que se mantienen actualmente en corriente legislativa.

Las propuestas. En abril de 2019, postulé a través de tres proyectos de ley a las pioneras en la participación política de las mujeres en los espacios de toma de decisión, para hacerlas visibles y darles el lugar que merecen en nuestra historia: María Teresa Obregón Zamora, Estela Quesada Hernández y Ana Rosa Chacón González.

El derecho al voto marcó un antes y un después en la vida política de nuestro país, cuando en 1953 tres mujeres valientes, capacitadas, con el coraje necesario para decidir involucrarse, se presentaron a elecciones encabezando papeletas del Partido Liberación Nacional y fueron electas como las primeras diputadas de nuestro país.

Llevaron adelante iniciativas y desarrollaron sus actividades donde era la primera vez que las mujeres podían involucrarse, fueron las primeras en sentarse en una curul legislativa, fueron las primeras en obtener cargos en el Directorio Legislativo, y las primeras en pronunciar discursos desde su curul.

En su momento, y hasta hoy, nadie les ha reconocido su brío formalmente y con todos los honores, los tres expedientes legislativos que narran sus historias de manera separada, puntualizando exactamente cómo aportaron a nuestro país por méritos propios, con todas sus calidades, no han avanzado en su trámite. Hemos quedado debiendo como sociedad al no darles su lugar y visibilizar su paso por la vida política de nuestro país.

También se mantienen sobre la mesa otros cinco expedientes legislativos más para reconocer a otras mujeres sus méritos, entre ellos, el que también presenté dedicado a la trayectoria y vida de la Dra. Ana Gabriela Ross González, ejemplar servidora pública con amplísimos legados para la salud pública de Costa Rica.

Demos un paso al frente, al otorgar honores a quien honor merece y a hacer un cambio drástico en el número de mujeres que podemos encontrar en el Salón de Beneméritos y Beneméritas de la Patria.






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