Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 29 Noviembre, 2017

Pizarrón

El trío electoral y sus partidos políticos

Cada vez más se ha ido definiendo el trío de candidatos que encabeza la carrera presidencial. Han ido precisándose las candidaturas a presidente de la República, distantes de sus organizaciones políticas, los partidos políticos que ellos representan. Así, Antonio Álvarez Desanti, que ha encabezado desde el primer momento esta carrera, se ha mantenido, seguido de Juan Diego Castro y de Rodolfo Piza, que los ha alcanzado en la última encuesta publicada.

En el caso de Antonio Álvarez, como el de Rodolfo Piza, ambos, identificados históricamente a sus partidos, Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, sin necesidad de que por sí, y ante el electorado, hagan alarde de sus organizaciones partidarias. Todo el esfuerzo por divulgar sus candidaturas gira alrededor de sus figuras, así en vallas publicitarias como en spots propagandísticos de radio o de televisión.



En el caso de Juan Diego, como un meteorito, velozmente, se ha metido en la disputa por el primer lugar, en un momento desplazando totalmente a Rodolfo Piza, colocándose en un segundo lugar bien definido, y disputando el primer lugar. En las últimas encuestas se mantiene en esta posición alcanzado técnicamente por Rodolfo Piza, quien se iguala en posibilidades electorales a Antonio Álvarez y a Juan Diego, en tanto el primero ha decaído estrepitosamente. No es que Juan Diego lo ha alcanzado, es que Antonio Álvarez ha caído en su recepción ante el electorado, y respecto a Rodolfo Piza, Juan Diego no ha crecido, es que se ha estancado, al menos hasta esta última encuesta.

Como partidos políticos, ninguno, ni Liberación Nacional, ni la Unidad Social Cristiana, destacan en publicidad como partidos, como organizaciones, ni siquiera en las vallas publicitarias que se hacen, o en la propaganda visual que se divulga, destacan los colores verde y blanco, o azul y rojo de las enseñas partidarias, lo que a mi manera de ver es un craso error, sobre todo por las papeletas electorales de candidatos a diputados, que solo llevan el color de la bandera. En el caso de Juan Diego sin mencionar al Partido Integración Nacional, que le sirvió de plataforma política para su exhibición electoral y presidencial, él sí hace énfasis en los colores azules de su partido. En todo spot publicitario de las redes electrónicas, o digitales, sale con sus colores al fondo, eso sí sin mencionar, para nada al Partido que lo ha postulado, cosa muy extraña o contradictoria en su planteamiento publicitario.

Las campañas electorales nacionales, en Costa Rica, giran en primer lugar sobre la imagen de los candidatos a la Presidencia. Toda la propaganda es sobre ellos, que actúan como las máquinas de los trenes jalando los vagones de candidatos a diputados y la de regidores y síndicos, cuando estas campañas estaban integradas. Esto quizá sea todavía parte de los resabios del viejo caudillismo electoral del siglo XIX y del siglo XX, que imperó en el país. Sobre todo, porque los partidos políticos son inexistentes entre campañas electorales. Desaparecen del todo. No realizan prácticas presenciales de ningún tipo, ni siquiera de pronunciamientos sobre el quehacer nacional, sobre la situación política o económica del país, sobre la obra y acciones del gobierno de turno, sean partidos gobernantes o de oposición. Ni siquiera el partido de gobierno realiza una labor paralela defendiendo su gestión de gobierno, ni sus líderes partidarios defienden al gobierno. De hecho se distancian desde el momento mismo que se anuncia el triunfo electoral.

Los partidos políticos que eligen diputados desplazan su actividad política al escenario legislativo, más como acción de sus propios diputados, que de equipo partidario. Y las fracciones legislativas, en mucho, sustituyen a los partidos políticos, a sus comités políticos o sus comités dirigentes, a los propios representantes oficiales de los partidos, a sus presidentes, sus secretarios generales, que se invisibilizan ante los diputados y su gestión parlamentaria o político parlamentaria. Resulta más importante a los efectos públicos el jefe de fracción parlamentaria que el vocero oficial de su partido, el presidente o el secretario general, o el mismo Comité Político. Se invierte el orden organizativo, la fracción parlamentaria se vuelve la máquina del tren partidario, y el partido, su comité político y dirigente, en general, se coloca como furgón de cola de ese tren o se convierte en el cabús. Sus dirigentes partidarios son arrastrados a la acción parlamentaria. Se ha dejado, desde hace mucho tiempo, de hacer Política por los partidos políticos. Los mismos partidos de izquierda han caído en esta dinámica.

En cuanto a este trío político que encabeza la lucha electoral esto se repite. Antonio Álvarez y Rodolfo Piza son la representación del partido, ellos son la representación del grupo dirigente de esos partidos, ellos sustituyen al presidente y al secretario general, y al Comité Político de sus partidos, son la voz oficial de esos partidos, especialmente de Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana. Al contrario, Juan Diego es el candidato sin partido, sin organización visible y palpable, al menos hasta ahora en su campaña electoral. En este caso, el de Juan Diego, ni siquiera se conoce públicamente su organización partidaria, es tan solo una oficina a la par del consultorio médico del fundador de este partido, así como no tiene ninguna dimensión de conocimiento el presidente o el secretario general de su partido, ni los miembros de su Comité Político.

Esto también es una debilidad del régimen de partidos políticos nacionales. Sin lugar a dudas, para mí, esto hay que superarlo. Hay que avanzar en el país hacia situaciones en las cuales los partidos políticos tengan mayor protagonismo permanente, cotidiano, donde los dirigentes de los partidos tengan igualmente mayor presencia y reconocimiento, sean y se constituyan en los actores y voceros reales de sus partidos, actores activos de la política nacional. Los candidatos presidenciales y a diputados pueden ser improvisados, y de ocasión, cada cuatro años, más no así los dirigentes de los partidos políticos.

Hay que fortalecer y desarrollar más la cultura y la educación política nacional de los partidos políticos permanentes y activos de verdad, no solo de papel o ad hoc para las elecciones.

La debilidad de los candidatos electorales, de todos, es en buena parte la debilidad y casi inexistencia de sus partidos políticos, lo que se refleja en la propaganda mala o buena que se está empezando a hacer y a divulgar.

Por ahora, con las últimas encuestas, se le ha puesto emoción a la posibilidad de que la disputa del primer lugar ante el electorado, descanse en este trío de candidatos. Más emoción en la posibilidad de que Juan Diego desplace a Antonio Álvarez, y mucho mayor emoción en la posibilidad de que ambos queden desplazados por Rodolfo Piza.

Pensaba, hace algún tiempo, que el Partido Acción Ciudadana despuntaría en esta carrera, como parte del trío principal, sin contar a ese efecto a Juan Diego Castro. De hecho el Partido Acción Ciudadana y su candidato han quedado cementados. Su candidato se ha varado. Por ahora es Carlos El Varado. Aun así, como partido gobernante, tiene armas ocultas que sacar, en diciembre y en enero, y que pueden influir en que el Partido Acción Ciudadana y su candidato se coloquen sólidamente en el cuarto lugar de disputa electoral, con sorpresas de último momento, que podría haberlas, como sucedió en la campaña de 2014.

El reto para el electorado en general, los sectores políticos y empresariales, para los electores aún no definidos pero que van a ir a votar, es aquilatar qué es lo que más le conviene al país con el trío electoral que encabeza la carrera. ¿Qué es lo más conveniente para el país, ¿que gane Antonio Álvarez Desanti, que va en caída peligrosa de dejar de ser la opción principal, que gane Juan Diego Castro, sorpresivamente en ascenso constante, o que gane Rodolfo Piza, quien con lentitud se va afirmando hacia la posibilidad de triunfo? En esta percepción hay que aquilatar también posibilidades de equipos de gobierno. No es solo asunto de candidatos, es asunto de valorar las posibilidades de equipos de gobierno que puedan garantizar esos candidatos y sus partidos. El país no está para otra improvisación de gobierno.