Tomas Nassar

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Jueves 10 Abril, 2008

El sueño europeo
Vericuetos

Tomás Nassar

El reforzamiento de la seguridad fronteriza en Estados Unidos ha hecho que muchos latinoamericanos hayan desistido de intentar ingresar, legal o ilegalmente, y permanecer trabajando en la Unión Americana.
El desarrollo económico explosivo de países como España, que se coloca como la octava economía del planeta, ha trocado el sueño americano por el sueño europeo.
Los españoles han favorecido tradicionalmente la migración a la península, especialmente de ciudadanos provenientes de América Latina, los países del Este y de las “Africas” del norte y subsahariana.
Esta especie de política de madre patria que recibe con los brazos abiertos a sus hijos de ultramar, y de buena amiga rica que acoge a los africanos y europeos pobres, ha tenido que ser revisada a la luz de las directrices de la Unión Europea frente al flujo masivo y desbordado de inmigrantes.
Las buenas negociaciones conducidas por Rodríguez Zapatero con los países del sur del Sahara redujeron en forma considerable la llegada de pateras cargadas de desesperados soñadores que arriesgaron, y muchos dejaron, su vida en el mar; pero es por los aeropuertos por donde se producen los ingresos legales de los que pretenden superar los plazos de permanencia permitidos e incorporarse a la masa laboral europea.
Más allá de que aspirar a una vida decorosa es un derecho de todo ser humano y por sobre la realidad del fracaso de los políticos criollos para asegurar acceso a oportunidades para todos, es comprensible que Europa pretenda contener la avalancha que amenaza con alterar su equilibrio interno y la correlación de fuerzas sociales, que desplaza mano de obra, presiona los indicadores sociales (vivienda, salud, educación, seguridad) y que ha incrementado peligrosamente el índice de delincuencia. Esta es una realidad inobjetable.
La aplicación de la directiva de Bruselas ha causado la denegatoria de ingreso a muchos viajeros de América, que se han visto obligados a regresar a sus países sin ser admitidos. Es comprensible, porque los sistemas los administran personas, que se hayan cometido inequidades en la aplicación de la nueva política migratoria europea. Hay casos documentados de rechazo injustificado que afectaron a personas cuya intención no era, de ninguna manera permanecer ilegalmente en el continente. A veces “pagan justos por pecadores”.
El ejercicio del derecho soberano a regular el ingreso de extranjeros a una nación o a una comunidad de naciones, como en este caso, es incuestionable y cada país lo detentará de la manera en que sus gobernantes lo consideren adecuado a sus particulares intereses nacionales. Este es un acto de responsabilidad en el que el factor humanitario debe también tener presencia.
Brasil aplicó a los ciudadanos españoles la misma medida de rechazo eventual, reacción más bien hepática que desconoce la realidad de la masiva migración americana a Europa y que amenaza con afectar el ingreso de divisas del turismo europeo.
La verdad es que la política de puertas abiertas es insostenible en estos tiempos para cualquier país y para cualquier economía. Las autoridades migratorias tienen la responsabilidad de racionalizar el ingreso legal y de combatir el ilegal, porque la admisión de extranjeros se regula por la ley y la ley debe cumplirse sin cortapisas.
Los que viajen a España deben preocuparse antes por conocer y cumplir a cabalidad los requisitos de ingreso para no exponerse al desencanto del rechazo.