Isaiah Thomas le ha sacado provecho a su baja estatura para volar entre los gigantes de la NBA. Archivo/La República
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Para los que creen que jugar en la NBA es cosa de altos, está equivocado, ya que el mejor jugador de los Celtics de Boston es un pequeñín, comparado con el resto de jugadores. No solo es pequeño, es el más pequeño de toda la liga.

Con 1,75 metros, Thomas está despedazando los paradigmas y es actualmente el jugador más importante de los tréboles.

Muggsy Bogues, Spud Webb, Nate Robinson… Nombres que pertenecen a la mitología NBA, aunque de esas fragancias minúsculas que poblaron la liga tal vez solo Calvin Murphy se pueda comparar a lo que está alcanzando el compulsivo base anotador de los Celtics.

Thomas impuso un récord personal con 52 puntos en el partido frente al Heat el pasado 30 de diciembre y ha anotado al menos 20 unidades en 19 partidos consecutivos.

Además, protagonizó el mejor cuarto de toda la historia para la franquicia con 29 puntos y el segundo mejor cuarto de la NBA, solo detrás de la magnífica noche de Wilt Chamberlain cuando encestó 100 puntos en un encuentro; esa vez sumó 31 puntos en un cuarto. También es el quinto jugador de los Celtics en superar la barrera del medio centenar de puntos.

La clave en jugadores tan pequeños es que les aguanten sus piernas, porque son muy explosivos, basan todo su juego en eso.

Thomas es actualmente el cuarto mejor anotador de la NBA, promediando 28 puntos por encuentro.

Su dribble en la parte baja de la cancha hace difícil que le roben el balón. Su físico le permite chocar con los grandes en el aire y no ceder balones fácilmente.

Además, el gancho que tiene es prácticamente indefendible, les esconde el balón a los rivales y ni siquiera los largos brazos de sus rivales pueden detener la parábola de su tiro.

Con ese tamaño, el robo de balones lo hace una persona muy ágil y veloz, el pique de balón de un gigante tarda más en subir nuevamente en un bote y esto es aprovechado por el Celtic.

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