Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 9 Septiembre, 2014

Ni p’atrás ni p’adelante. Así estamos


Efecto Mirón

Manda la cultura popular que nadie puede dejar de ver un accidente. Bautizado radialmente como el efecto mirón se ha formalizado como un estándar de nuestro diario parir vial. Imposible de evitar, es seguro causante diario de decenas de minutos de atraso para el progreso del tránsito. Apuesto que también de más de un accidente adicional.
Eso más o menos fue el informe de los 100 días.


Todos queríamos cumplir ese voyerismo del siglo 21 que nos condiciona y obliga. Así se pensó desde una mercadotecnia política que probó ser muy exitosa en campaña, pero que sufre los efectos del Despídame en Zapote.
Para el caso, el informe de los 100 días comprobó de ambos lados y, como en el caso de un accidente grotesco, que ninguna de las partes sale satisfecha. Por más sangre y vísceras, unos esperaban que no se hiciera pública la escena y para los demás fue poco gratificante el shock.
Voy pasando por el sitio y veo con mucha preocupación al chofer desencajado. De ceño fruncido. Expresión agria. Lo conozco pero en esas condiciones no le reconozco. A pesar de eso, saluda a quienes pasamos cerca suyo y no le niega un selfie, con el carro de fondo, a quien se lo pida.
Se queja de que por imprudencia de terceros no pudo evitar el impacto. Falta la contraparte y el chofer no precisa quien provocó el accidente. Se queda corto en datos para que el oficial de tránsito pueda montar el croquis, reconstruir la escena. Solo da cuenta del estado del vehículo con datos que se verifican a simple vista y otros que serían vicios ocultos.
El carro terminó en una posición muy comprometida. Se presentan algunos calificadores de accidentes y más que el choque, les acongoja que el chofer sigue sin llamar a la grúa, así como la falta de mecánicos y de talleres para el vehículo.
Según dijo uno de apellido Fitch, el carro está muy endeudado y tiene pocas expectativas de arreglo. Para un análisis a profundidad del tema, recomiendo ver La República de ayer.
Seguro por el efecto latigazo, el conductor se pone nostálgico y recuerda las bondades de su Datsun 120Y y de su Toyota Starlet, mientras suspira por el Chevy Nova que no pudo llegar a comprar. ¡Esos sí eran chunches! O, como le contó a Álvaro Murillo —presa también del atasco y quien aprovechó para entrevistarlo— los años setenta y ochenta fueron la última buena época de automovilistas en Costa Rica.
Consecuente con lo anterior, ha pedido al mecánico un avalúo no para arreglar el vehículo sino para su mantenimiento. Aun así, el presupuesto es un 19,6% mayor que el del año pasado para el mismo carro y, lo que es peor, es que para pagarlo nos van a endeudar en casi un 50% del monto (47,2% para ser exacto).
Como dijo Alberto Franco: “Este crecimiento del presupuesto es descomunal y lo que más inquieta es que no está financiado sanamente”.
Los calificadores están preocupados. El oficial de tránsito no es feliz. Tampoco los que estamos prensados en el congestionamiento que se ha ocasionado. Somos un montón según compruebo por el retrovisor y hasta donde alcanza mi visión del parabrisas. Ni p’atrás ni p’adelante. Así estamos.

Pedro Oller