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Martes 21 Diciembre, 2010

Reflexiones
Educación; un bien meritorio


Quiero empezar esta columna semanal de los martes Reflexiones como una oportunidad para compartir con los lectores el debate de los temas de la palestra económica y de gestión pública, de nuestro tiempo. Por supuesto, iniciar con el tema de la educación no es una casualidad, es algo a lo que he dedicado mi vida y en lo que creo fielmente significa la diferencia personal y colectiva del éxito o el fracaso de las personas y de los países.
Espero conquistar a los lectores de LA REPUBLICA, no porque siempre estén de acuerdo con mis argumentos, sino por lograr hacer reflexionar de forma auténtica sobre los temas de la agenda económica nacional e internacional.
No es por casualidad que Suiza o Finlandia aparezcan como las economías más competitivas del mundo, en particular esta última Finlandia aparece también, como el país que cuenta con el mejor sistema educativo del contexto europeo. Existe por lo tanto, una alta correlación entre el esfuerzo educativo de un país y la posición competitiva a escala global de su economía.
Sin embargo, más gasto en educación no siempre significa mejor educación en un país, debe existir un claro esfuerzo por mejorar la calidad, la cobertura y el impacto del sistema educativo con un horizonte de mediano y largo plazo. Sin indicadores claros en estos tres campos, cualquier esfuerzo por mejorar en cualesquiera de los niveles primaria, secundaria o educación superior—puede ser un simple ejercicio de gasto, sin una dimensión clara del resultado esperado.
Existe conciencia clara sobre la importancia de empezar lo más temprano posible el esfuerzo por educar. Algo trascendental al respecto es la dimensión familiar e institucional del tema, una buena escuela no puede sustituir una familia escasamente comprometida o implicada en el proceso educativo. Es por eso que los programas de cuido a temprana edad son importantes, ante los nuevos roles de la mujer en el mercado de trabajo.
Sin embargo, de la calidad del sistema educativo público o privado dependerá la capacidad para transformar las potencialidades de nuestros niños, niñas y adolescentes en verdaderas competencias para el trabajo y para la vida en sociedad.
La educación es entonces un bien meritorio, que resulta de un adecuado balance entre la inversión pública infraestructura, maestros, logística y la participación privada, sobre todo las familias, que deben no solo pensar en el complemento material de la inversión pública, sino en lo más importante, el tiempo y el compromiso para que a la par de las institución elegida pública o privada garantice un aprendizaje efectivo de competencias y habilidades en todos los ámbitos de la formación humana. La educación es entonces un compromiso de futuro, la mejor y más significativa inversión que podemos dejarles a nuestras futuras generaciones.

Leiner Vargas
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