Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 29 Julio, 2014

El grueso de la propuesta estadounidense (más de $2 mil millones) va destinado a políticas represivas para incrementar la seguridad fronteriza


Drama infantil

Estamos frente a una de las mayores tragedias del siglo. Me refiero a la migración masiva de niños hacia Estados Unidos desde Centroamérica. Me refiero también, a como esa migración ya empieza a alcanzar Costa Rica como punto de llegada y de salida también.
El número desgraciadamente va en aumento desde 2012. Los datos oficiales mexicanos dicen que para fines de junio los niños representaban un 35% de las personas detenidas en Chiapas por estatus migratorio irregular.
Se supone están en tránsito hacia Estados Unidos. Ese mismo mes, las autoridades estadounidenses reportaban más de 47 mil menores detenidos en su frontera en lo que va del año.
Las cifras son espeluznantes, las razones también. Según, Imumi (www.imumi.org), los niños migran por “la violencia estructural, y el reclutamiento y amenazas por parte del crimen organizado en sus comunidades de origen; la falta de oportunidades laborales y en un intento por la reunificación familiar”.
Las noticias sobre este tema empiezan a asomarse en nuestro país, lo que puede explicar que el tema nos resulte ajeno y por ende la no presencia de ningún representante de nuestro Gobierno en la reunión multilateral que sostuvo Barack Obama con los presidentes Pérez de Guatemala, Hernández de Honduras y Sánchez de El Salvador.
Días antes, el vicepresidente Biden durante su reciente visita a la región había anunciado un plan de ayuda de más de $250 millones para atender la deportación y el desarrollo de programas sociales y de seguridad en Guatemala, El Salvador y Honduras.
No obstante, el grueso de la propuesta estadounidense (que suma más de $2 mil millones) va destinada a políticas represivas tendientes a incrementar la seguridad fronteriza, aumentar el número de jueces encargados de temas migratorios, aumentar las penas del coyotaje y asegurar “los recursos necesarios para detener, procesar y asistir de forma apropiada a niños y adultos.”
Si bien en nuestro caso la escala es menor, no deja de ser una llamada de atención para el Gobierno. El año pasado, el PANI había reportado 19 casos y, en lo que va del año ya son una docena.
Las razones en el caso de los migrantes infantiles, son parecidas a las apuntadas por Imumi.
Es por ello que el desinterés de la administración Solís por aprovechar los esfuerzos regionales en torno a esta tragedia humana es inexplicable. Si bien Costa Rica no es uno de los puntos de salida importantes, indudablemente el ingreso de migrantes infantiles de la región irá en aumento mientras las causas que lo motivan no se atiendan y, en el caso particular de Nicaragua, esto difícilmente ocurrirá en el corto plazo.
Bien lo dijo el papa Francisco: “Tal emergencia humanitaria reclama en primer lugar intervención urgente, que estos menores sean acogidos y protegidos. Tales medidas, sin embargo no serán suficientes, si no son acompañadas por políticas de información y, sobre todo, de promoción del desarrollo en sus países de origen.
Es, finalmente necesario, frente a este desafío, llamar la atención de toda la comunidad internacional para que puedan ser adoptadas nuevas formas de migración legal y segura”.

Pedro Oller