Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 26 Febrero, 2010


Doña Laura y sus gestos


En política los gestos tienen tanta importancia como las realizaciones concretas. Por eso no puede concebirse la acción política sin que sus actores realicen gestos que revelen sus intenciones. Cuando los gestos no se dan en forma esporádica sino que se reiteran, entonces se convierten en lo que se suele denominar “el estilo personal” de un determinado dirigente.
Al igual que en el arte, el estilo es lo que define la personalidad de su autor, porque revela la manera como este asume su entorno y, en especial, los desafíos más apremiantes que siempre abundan en la vida de un político. Es por eso que algunos gestos de la presidenta electa han llamado la atención de la opinión pública, ya que son un tanto inusuales por desgracia en nuestro medio político reciente.
En sus primeras palabras luego de su triunfo, doña Laura habló de buscar el diálogo con quienes hasta ese momento habían sido sus adversarios y de inmediato tomó la iniciativa de visitarlos en el lugar escogido por ellos. Comenzó por los partidos que habían obtenido una mayor representación en la Asamblea Legislativa. El diálogo se hizo público denotando una transparencia, lo que se contrapone a las componendas bajo la mesa que no dejan de ser habituales en la política.
La señora Chinchilla se comprometió a hacer suyos aquellos planteamientos de sus interlocutores que consideró compatibles con su propio programa de gobierno y mostró explícita distancia respecto de aquellos en que no está de acuerdo.
Lo anterior me parece importante, pues en política no solo debe haber acuerdos, sino también desacuerdos como corresponde a una sociedad pluralista. Los desacuerdos son indispensables si queremos ponerle límites al poder. Con ello se frena la tendencia al autoritarismo y la manipulación tan evidentes en el estilo de los hermanos Arias. Por el contrario, con este su primer gesto como presidenta electa, doña Laura ha dado muestras de querer imprimir un estilo de gobierno que la distancia del impuesto por su padrino político; lo cual, como ya señaló uno de los candidatos derrotados, mejora sustancialmente el ambiente político nacional.
Pero este gesto constituye también un acto de elemental realismo. En estos últimos comicios el electorado le dio una lección al partido oficial, al otorgarle una sólida mayoría a la candidata a la presidencia, al mismo tiempo que le daba esa amplia mayoría en el Congreso a la suma de los partidos de oposición. Las heridas provocadas por la reciente elección de la Defensora de los Habitantes están aún frescas en la memoria colectiva. El pueblo costarricense ha querido mostrar que debe haber una clara división de poderes. Para la salud de nuestra democracia, es indispensable devolver a la Asamblea Legislativa su dignidad. El pueblo no soporta más el vivir bajo la sospecha del tráfico de influencias. Nuestro pueblo mostró su rotundo repudio a cualquier forma de “dictadura en democracia”. Esperemos que doña Laura, para honra suya y felicidad de nuestro pueblo, haya escuchado el mensaje y que este la guíe en los próximos cuatro años.