Carlos Denton

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Miércoles 18 Febrero, 2009

Descontando servicios perecederos

Carlos Denton

Una habitación hotelera que no es ocupada una noche, un asiento sin pasajero en un vuelo que ya despegó, una entrada a una obra teatral o a un concierto que se presentó ya; todos tienen algo en común. No hay manera de producir ningún ingreso para la empresa o institución que lo ofreció en su momento en el mercado. Con muchos servicios, especialmente los que implican una inversión fuerte en infraestructura o equipo, es una situación “suma cero”, y cuando pasó el momento de su ofrecimiento, no tienen ningún valor.
En esta época de crisis que está tocando a Costa Rica, son los productores de servicios los que deberían tener mayor capacidad para defenderse, porque tienen la capacidad de ser flexibles y ágiles con sus precios y ofertas. Tienen que elaborar una estrategia, y si lo hacen bien, podrán sobrevivir mientras que repunta la demanda. No prosperarán como en años pasados, pero se mantendrán con vida, y quizás se fortalecerán para poder entrar a años próximos con productos y oportunidades nuevas.
Frente a la posibilidad de que una habitación de un hotel quede sin ocupante por una noche, le sirve al empresario alquilarla por un precio que por lo menos cubra el costo de lavar las sábanas y las toallas, y del consumo de jabón y energía eléctrica. El ama de llaves está contratada y si se ocupa la habitación, ya su limpieza estaba contemplada entre sus responsabilidades, y los costos laborales no suben para el hotel. Quizás el ocupante compre un desayuno antes de irse el día siguiente, y deje unos dólares más en manos del empresario.
Si a una hora antes de salir del Juan Santamaría un vuelo sin escalas a Nueva York tiene 20 asientos no comprados, le sirve a la aerolínea venderlos por el costo del peso adicional de cada pasajero aplicado al consumo de combustible, más algo para la comida que pudiera consumir la persona en ruta. Cerrada la puerta de la aeronave, el asiento vacío no vale nada.
En la actualidad, y especialmente ya que las escuelas y colegios están abiertos y funcionando, debería haber todo tipo de oportunidad para el que quiere conocer las bondades turísticas del país entre semana en “temporada alta”, y sin pagar los precios que se han visto en años pasados. Igual los precios para viajar internacionalmente deberían estar recortados drásticamente en ciertas rutas y en ciertos días, dependiendo de cuando se compra el pasaje. Es interesante notar que la costumbre actual de las aerolíneas centroamericanas es subir el precio cada vez más, según se acerca la fecha de la partida del pasajero; lo lógico sería hacer lo inverso en los tiempos actuales.
Para los servicios de viaje y turismo no hay una agencia costarricense donde un consumidor nacional pueda encontrar listas de recortes drásticos de última hora, como sí existe en Londres y Nueva York y en otras ciudades del mundo. Las historias de ticos que han viajado a Nueva York y después en una de las agencias especializadas han encontrado para el día siguiente pasajes a París por $200 o a Londres por $99 son muchas. Pero no hay de personas que a última hora encontraron pasajes de San José a Miami por $49 o a Nueva York por $79.
Cuando uno busca en el sitio www.lastminutetravel.com u otros similares no hay ofertas para Costa Rica. En el país se encuentran eventualmente precios de “oferta” en los diarios que algún dueño de hotel o mercadeólogo de aerolínea ingenió con base en lo que considera un descuento “justo”, pero casi siempre faltan de la drasticidad que exige el mercado actual. Aparecen ofertas para viajar a algún punto en el extranjero, pero los recortes normalmente no son severos e incluyen todo tipo de restricción para ser aplicables.
Hay que ver a la crisis como un periodo de gran oportunidad para los operarios turísticos.

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